La mañana de este 25 de febrero arrancó con un suceso grave y cargado de interrogantes. Un enfrentamiento armado en aguas territoriales cubanas dejó, según el parte oficial, cuatro personas muertas y varios heridos, en un episodio que rápidamente comenzó a circular en redes.
La información fue divulgada a través de Minint Hoy, perfil vinculado al Ministerio del Interior, donde se aseguró que las autoridades detectaron una lancha rápida con matrícula del estado de Florida navegando dentro de la zona marítima cubana.
De acuerdo con la versión institucional, la embarcación fue localizada cerca de Cayo Falcones, en el municipio villaclareño de Corralillo. La narrativa oficial sostiene que una unidad de las Tropas Guardafronteras se aproximó para realizar la identificación correspondiente.
Es en ese punto donde el relato adquiere un giro dramático. Siempre según el MININT, desde la lancha se abrió fuego contra los efectivos cubanos, desencadenando un intercambio de disparos en alta mar. El comandante de la embarcación estatal habría resultado lesionado.
El parte añade que cuatro ocupantes de la lancha fueron abatidos y otros seis resultaron heridos. Los lesionados, indica la nota, fueron evacuados y trasladados para recibir asistencia médica.
Como suele ocurrir en este tipo de comunicados, los detalles son escasos. No se han revelado identidades, nacionalidades ni información independiente que permita contrastar los hechos. Todo queda anclado en la versión oficial.
La reacción en redes no tardó en aparecer. En Cuba, donde la información pública sobre incidentes de seguridad suele manejarse con fuerte hermetismo, cada suceso de esta naturaleza genera dudas inevitables y un intenso intercambio de especulaciones.
El Ministerio del Interior, por su parte, reiteró el discurso habitual sobre la defensa de la soberanía y la protección de las aguas territoriales. Un lenguaje predecible dentro del marco retórico estatal, pero que no aclara los puntos más sensibles del caso.
Queda en el aire la pregunta esencial. ¿Qué hacía exactamente esa lancha en la zona? ¿Se trató de un error de navegación, una operación ilícita o un incidente de otra naturaleza? Hasta ahora, no hay respuestas verificables.
También persiste la incertidumbre sobre la secuencia real de los acontecimientos. En ausencia de reportes independientes o testimonios directos, la reconstrucción de los hechos depende exclusivamente de fuentes oficiales.
Mientras se anuncian investigaciones en curso, el episodio añade otro capítulo a la larga lista de eventos opacos que rodean incidentes de seguridad en la isla. Situaciones donde la narrativa institucional suele imponerse sin mayor escrutinio público.










