A dos años de su muerte, la gran Juana Bacallao permenece en el olvido sin una lápida siquiera que identifique su entierro en el Pantón de la Cultura

Redacción

Dos años después de su fallecimiento, el nombre de Juana Bacallao vuelve a circular, pero no por homenajes ni celebraciones de su legado. Esta vez, la razón es tan dolorosa como simbólica. La legendaria artista cubana continúa sin lápida en el Panteón de la Cultura del Cementerio de Colón.

La denuncia llegó desde redes sociales, donde el músico Papushi compartió su desconcierto tras visitar la bóveda de la cantante. La escena que describe no deja margen a la indiferencia. No hay placa, no hay identificación visible, no hay señal alguna que indique que allí descansan los restos de una figura esencial del arte popular cubano.

El artista confesó sentirse golpeado por la imagen. Hace un año, asegura, ya había advertido públicamente sobre la misma situación. Poco después, según recuerda, se afirmó que el problema había sido resuelto. Sin embargo, al regresar este mes al cementerio, el vacío seguía intacto.

Más allá de la ausencia física de una lápida, el episodio abre una lectura inevitablemente más profunda. ¿Cómo se explica que una mujer que marcó generaciones, escenarios y épocas permanezca prácticamente anónima en el principal camposanto del país?

Papushi no acudió al lugar por simple curiosidad. Llevó flores, memoria y agradecimiento. Relató un vínculo personal con la artista que revela el carácter irrepetible de Juana. Recordó cómo aceptó grabar el tema “Bailando con Juana” tras escucharlo cantar a capela, sin maquetas ni artificios.

La frase que evoca resume perfectamente su espíritu. Juana, fiel a su estilo directo, le habría dicho que no solía interpretar canciones ajenas, pero que aquella le gustaba. Y la grabó. El tema, registrado en 2017, terminó convirtiéndose en un éxito radial cuando la artista ya superaba los noventa años.

La imagen descrita en el panteón no se limita a una sola bóveda. Según la misma denuncia, la lápida de Paulo FG, ubicada junto a la de Juana Bacallao, habría sido dañada meses atrás y continúa en mal estado. Dos nombres gigantes, dos espacios marcados por el deterioro y la desatención.

El contraste resulta inevitable. Otras figuras sí cuentan con placas, mármoles y reconocimientos visibles. La diferencia no ha pasado inadvertida entre usuarios y seguidores, que ven en estos detalles una metáfora del trato institucional hacia ciertos símbolos culturales.

Papushi añadió otro dato que intensificó la sensación de abandono. Durante su visita, ya entrada la tarde, no encontró flores recientes. Una ausencia que choca frontalmente con el cariño que Juana Bacallao despertó durante décadas dentro y fuera de Cuba.

Juana falleció el 24 de febrero de 2024, a los 98 años. Su despedida transcurrió con discreción, en una ceremonia sobria y con escasa difusión pública. El silencio visual que rodeó su funeral parece prolongarse ahora en la propia tumba.

Nacida como Neris Amelia Martínez Salazar, Juana Bacallao construyó una carrera sin moldes ni academias. Su nombre quedó ligado al humor, al desparpajo escénico y a una energía que la convirtió en figura única del espectáculo cubano.

Brilló en Tropicana, compartió escenarios con leyendas internacionales y se ganó un lugar irrepetible en la memoria popular. Hoy, paradójicamente, su espacio físico carece de la identificación más elemental.

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