El episodio marítimo frente a Villa Clara sigue dando de qué hablar. Mientras La Habana intenta imponer su narrativa, desde Estados Unidos comienzan a emerger testimonios que pintan un cuadro muy distinto, uno que añade más preguntas que certezas.
De acuerdo con publicaciones del periodista Javier Díaz, de Univisión, familiares de varios involucrados aseguran que los cubanos que viajaban en la lancha con registro de Florida no improvisaron su salida. Según esos relatos, el grupo habría recibido preparación previa en Miami antes de lanzarse al mar.
Las declaraciones, difundidas en Facebook, apuntan a que los participantes se reunían en una finca del sur de Florida. Allí, presuntamente, coordinaban movimientos y mantenían contacto mediante plataformas sociales como TikTok, un detalle que ha despertado aún más curiosidad sobre la naturaleza del viaje.
Los allegados insisten en algo clave. No se trataba de una travesía migratoria, como tantas que ocurren a diario, sino de una acción organizada con la intención expresa de llegar a Cuba. Esa diferencia no es menor y cambia por completo la lectura del caso.
El silencio posterior alimentó la angustia. Varios familiares afirman que perdieron comunicación con los jóvenes pocas horas después de su salida, ocurrida —según sus propias versiones— entre las tres y las cuatro de la madrugada. Desde entonces, todo quedó envuelto en incertidumbre.
Otro elemento llamativo refuerza la confusión. Siempre según estos testimonios, no habría sido una sola embarcación, sino dos lanchas las que partieron casi al mismo tiempo, cada una con cerca de diez personas a bordo. Un dato que, de confirmarse, ampliaría significativamente el alcance del incidente.
En actualizaciones posteriores comenzó a circular incluso un nombre: Ledian Padrón, un joven de poco más de veinte años que, según las mismas fuentes, formaría parte del grupo. Sin embargo, la falta de información oficial verificable mantiene estas afirmaciones en el terreno de lo no confirmado.
Desde Cuba, la reacción del régimen no sorprendió a nadie. El Ministerio del Interior repitió el guion habitual y aseguró que la lancha “neutralizada” transportaba individuos armados con supuestos “fines terroristas”, un término que el discurso oficial utiliza con llamativa facilidad cuando conviene políticamente.
La versión estatal sostiene que los ocupantes dispararon primero y que el enfrentamiento fue consecuencia directa de esa acción. Pero, como ocurre con demasiada frecuencia en la isla, todo descansa en la palabra de las autoridades, sin acceso independiente a pruebas, sobrevivientes o reconstrucciones imparciales.
Ahí radica el núcleo del debate. Dos relatos, dos realidades posibles y un mismo problema de fondo: la histórica opacidad informativa del aparato estatal cubano. Fuera de la isla, pocos están dispuestos a aceptar sin cuestionamientos la explicación oficial.










