El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reaccionó finalmente al incidente armado reportado en aguas cubanas y dejó una frase que no pasó inadvertida. El jefe de la diplomacia calificó como “muy inusual” que se produzcan disparos en mar abierto, marcando distancia frente a cualquier interpretación apresurada.
Ante preguntas de la prensa, Rubio fue cuidadoso, pero firme. Aseguró que Washington obtendrá su propia información para determinar qué ocurrió realmente. Insistió en que no adelantará conclusiones ni entrará en especulaciones públicas. El mensaje fue claro: primero los hechos, después las valoraciones.
El funcionario subrayó que este tipo de episodios no forman parte de la normalidad en la relación bilateral. Reconoció que, “francamente”, no se veía algo así con Cuba desde hace mucho tiempo. Un detalle nada menor en un contexto históricamente cargado de tensiones.
Al ser consultado sobre posibles contactos con autoridades cubanas, Rubio respondió de forma directa. Indicó que no se habían sostenido conversaciones con La Habana sobre el suceso. La ausencia de comunicación oficial añade otra capa de incertidumbre a un caso ya rodeado de versiones contrapuestas.
El secretario de Estado reiteró que existe un amplio rango de escenarios posibles, pero se negó a especular. Su postura contrasta con la narrativa inmediata difundida por el Ministerio del Interior cubano, que presentó el enfrentamiento bajo su propia interpretación de los hechos.
Mientras desde Washington se habla de cautela y verificación, nuevas revelaciones mediáticas comenzaron a alterar el panorama. The New York Times informó que la embarcación involucrada integraba presuntamente una flotilla privada organizada para evacuar familiares desde Cuba.
Según ese reporte, un funcionario estadounidense afirmó que la lancha registrada en Estados Unidos no pertenecía ni a la Marina ni a la Guardia Costera. Un elemento que desmonta de entrada cualquier lectura de operación militar oficial, pero que abre interrogantes igualmente delicadas.
El incidente, divulgado inicialmente por las autoridades cubanas, dejó un saldo preliminar de cuatro fallecidos y varios heridos tras un intercambio de disparos cerca de Cayo Falcones, en Villa Clara. Hasta ahora, las identidades de las víctimas permanecen sin confirmación pública.
En paralelo, The Maritime Executive aportó detalles técnicos sobre la embarcación señalada con matrícula FL7726SH. Los registros apuntan a que se trataría de una Pro-Line construida en 1981, un tipo de lancha comúnmente asociada a actividades recreativas o de pesca en Estados Unidos.
Este dato no es irrelevante. El nombre Pro-Line corresponde a un fabricante estadounidense ampliamente conocido en Florida. Lejos de describir un buque de gran porte, la referencia sugiere una embarcación pequeña, lo que añade más complejidad a la reconstrucción del episodio.
La combinación de versiones oficiales, filtraciones periodísticas y silencios institucionales ha convertido el caso en un foco de atención política. Cada nueva declaración o reporte amplía las dudas en lugar de disiparlas, especialmente en el sur de la Florida.
Por ahora, la postura pública de Washington se mueve entre la prudencia diplomática y la necesidad de esclarecer un suceso que involucra a una embarcación civil registrada en Estados Unidos. Rubio dejó claro que su gobierno no se pronunciará sin información propia y verificada.










