El incidente en aguas de Villa Clara sigue dando de qué hablar. Y esta vez, el cruce fue directo. El influencer cubano Alex Otaola reaccionó con fuerza a las declaraciones de Miguel Díaz-Canel sobre el enfrentamiento armado ocurrido el 25 de febrero, que dejó cuatro fallecidos y varios heridos.
Después de varias horas de silencio desde la cúpula del poder, el gobernante cubano apareció en X con un mensaje que no sorprendió a nadie. En su publicación, aseguró que “Cuba no agrede ni amenaza” y que la Isla actuará con firmeza ante cualquier intento de afectar su soberanía.
El discurso siguió el libreto habitual: defensa nacional, agresión externa y amenazas terroristas. Una narrativa que el régimen ha reciclado durante décadas cada vez que surge un episodio polémico.
Pero Otaola no se quedó callado.
Desde la misma red social, el presentador cuestionó con sarcasmo la versión oficial. En referencia a la calificación de “terrorista” que las autoridades atribuyeron al grupo que viajaba en la lancha, lanzó un comentario que rápidamente se viralizó. Básicamente, vino a decir que convertir un bote de pesca en un “ejército mercenario” es parte de la película que el régimen repite una y otra vez.
El Ministerio del Interior informó que la embarcación, con matrícula de Florida, fue detectada en aguas cubanas y que se produjo un intercambio de disparos cuando las Tropas Guardafronteras intentaron identificarla.
El saldo oficial habla de cuatro hombres muertos, seis heridos entre los ocupantes y un oficial cubano lesionado. Todo según la única fuente disponible: el propio Gobierno.
Y ahí es donde empiezan las grietas.
Porque mientras el régimen presenta el hecho como una agresión contra la seguridad nacional, voces críticas dentro y fuera de Cuba cuestionan la proporcionalidad, la transparencia y la narrativa empleada.
Otaola fue solo uno de los que levantó la ceja. Su reacción se suma a un coro creciente que duda del relato oficial y que ve en esta historia otro capítulo del viejo guion donde cualquier incidente termina convertido en conspiración internacional.
Lo cierto es que el mensaje de Díaz-Canel elevó el tono político del asunto y lo encajó en la clásica retórica de soberanía amenazada. Pero en tiempos donde la información circula rápido y las contradicciones se detectan más fácil que antes, no todo el mundo está dispuesto a aceptar la versión sin preguntas.










