Régimen habría infiltrado a grupo armado abatido en las costas de Villa Clara y estaban esperando su llegada a la isla para atacarlos

Redacción

El parte oficial del Ministerio del Interior sobre la supuesta infiltración de una lancha rápida desde Florida, con diez hombres armados y presuntos “planes terroristas”, lejos de aclarar el panorama, ha encendido nuevas sospechas. ¿Tenía el régimen información previa sobre la operación? Esa es la pregunta que muchos cubanos se hacen hoy.

Según la versión oficial, el enfrentamiento con las Tropas Guardafronteras dejó cuatro muertos y seis detenidos. Pero más allá de los números, lo que realmente inquieta es el contexto.

El periodista Wilfredo Cancio Isla puso el dedo en la llaga al señalar que los elementos divulgados apuntan a algo más que un simple operativo de reacción. En su análisis en redes sociales, sugirió que podría tratarse de una operación previamente penetrada por la inteligencia cubana. En buen cubano: que alguien sabía más de lo que aparenta.

Las palabras de Díaz-Canel semanas antes del incidente añaden más leña al fuego. El 5 de febrero, en medio de una comparecencia en el Palacio de la Revolución para hablar del agravamiento de la crisis en Cuba, el gobernante lanzó una advertencia que hoy suena demasiado conveniente.

Aseguró que tenían conocimiento de planes violentos financiados y organizados desde Estados Unidos contra la isla, y prometió que en su momento se daría la información correspondiente. En ese momento no hubo repreguntas incómodas. Claro, toda la prensa presente era afín al poder. Nadie iba a apretar donde duele.

Ahora, tras el tiroteo en aguas de Villa Clara, aquella declaración cobra otro significado. ¿Fue una advertencia basada en inteligencia sólida o una construcción narrativa preparada para justificar lo que vendría?

El segundo comunicado del MININT sumó otro elemento llamativo: la detención en territorio nacional de Duniel Hernández Santos, presentado como el supuesto receptor del cargamento. Según la versión oficial, habría confesado su implicación. Pero hay un detalle que no se ha aclarado: la fecha exacta de su arresto.

Ese dato no es menor. Si fue detenido antes de la llegada de la lancha, indicaría que las autoridades no fueron sorprendidas en absoluto. Y entonces el relato cambia completamente.

A eso se suma que todavía no se han confirmado públicamente las identidades de tres de los fallecidos. Las investigaciones, tanto en Cuba como en Estados Unidos, siguen abiertas, pero la transparencia brilla por su ausencia.

El enfrentamiento ocurre además en un momento delicado para la relación entre La Habana y Washington, con tensiones acumuladas, crisis económica interna y una emigración masiva que no da tregua. En ese escenario, un episodio de este tipo le sirve al régimen para reforzar su discurso de plaza sitiada y enemigo externo.

Pero cada vez más cubanos dentro y fuera de la isla miran el guion con escepticismo. Porque cuando un gobierno anuncia amenazas antes de que ocurran y luego todo encaja demasiado bien en su narrativa, la duda no es paranoia. Es sentido común.

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