Régimen suspende la importación de automóviles por la crisis de combustible: «No se realizarán nuevos embarques de vehículos hacia Cuba»

Redacción

El Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera movió ficha otra vez, y no precisamente para buenas noticias. En medio del descalabro energético que tiene al país patas arriba, decidió paralizar temporalmente nuevas contrataciones y embarques de vehículos de combustión hacia Cuba. Una medida que, más que sorprender, confirma la magnitud del problema.

El documento, cuya autenticidad fue verificada por fuentes vinculadas al sector, deja claro que la orden no es simbólica. La instrucción, firmada por el viceministro primero Carlos Luis Jorge Méndez y fechada el 19 de febrero de 2026, corta en seco tanto operaciones futuras como contratos ya firmados que aún no habían salido rumbo a la isla. Ni siquiera los acuerdos bajo consignación escaparon del frenazo.

Como suele ocurrir, el régimen estableció excepciones muy puntuales. La suspensión no afecta a vehículos destinados a personal cubano en misiones diplomáticas, consulares o empresariales en el extranjero. También quedan fuera cooperantes, profesionales y ciertos trabajadores contratados bajo convenios oficiales. En otras palabras, el privilegio institucional intacto, mientras el ciudadano común sigue lidiando con la escasez.

El texto oficial añade un detalle revelador. Durante el tiempo que dure la restricción, se permitirá vender los vehículos de combustión que ya estén almacenados en depósitos aduanales. Es decir, lo poco que hay se podrá mover, pero traer más unidades queda congelado hasta nuevo aviso.

La decisión llega en un contexto que ya no admite discursos triunfalistas. Apagones interminables, transporte semiparalizado y una crisis de combustible que golpea cada rincón de la economía. La realidad es tozuda: no hay gasolina suficiente ni para sostener lo básico, mucho menos para alimentar un parque automotor en expansión.

Mientras tanto, las quejas ciudadanas siguen acumulándose. Hace apenas semanas, Aerovaradero volvió a quedar bajo la lupa tras imágenes difundidas en redes sociales donde se observaban motos importadas abandonadas y deteriorándose en el Aeropuerto de Santiago de Cuba. Historias que se repiten con una frecuencia alarmante.

Ya en diciembre, numerosos cubanos denunciaban situaciones similares en puertos como Mariel. Vehículos retenidos durante meses, expuestos al salitre, la lluvia y el sol, sin respuestas claras ni compensaciones. Un patrón que retrata con crudeza la ineficiencia crónica del aparato estatal.

Lo ocurrido ahora no es un hecho aislado, sino otro síntoma del mismo mal. La crisis energética ha dejado de ser un episodio coyuntural para convertirse en un estado permanente de precariedad, donde las decisiones oficiales parecen más reacciones desesperadas que políticas planificadas.

Al final, el mensaje implícito es imposible de ignorar. La isla no solo enfrenta escasez de combustible, sino una crisis estructural que desborda todos los sectores. Y como siempre, el impacto real recae sobre la población, que observa cómo se cierran puertas mientras las explicaciones oficiales brillan por su ausencia.

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