Isabel Mendoza, poeta premiada, obligada a pedir limosna para poder alimentar a su esposo enfermo en Santiago de Cuba

Redacción

La imagen es impactante y casi surrealista: Isabel Mendoza, una de las poetisas más reconocidas de Cuba, caminando por las calles de Santiago de Cuba pidiendo limosna para poder alimentar a su esposo enfermo. Sí, la misma mujer que ha sembrado belleza en páginas y concursos, que ha sido premiada y reconocida, hoy depende de la caridad para sobrevivir. La historia la compartió Yasser Sosa Tamayo en Facebook, y rápidamente se convirtió en un reflejo brutal de la crisis social que atraviesa la Isla.

Sosa describe la escena con crudeza: “Hoy vi a la poesía pidiendo limosna. No es una metáfora. Es Isabel Mendoza. Poetisa. Premiada. Mujer que ha sembrado belleza en páginas y concursos”. La mujer, con “la ropa vencida por el tiempo”, contaba centavos mientras trataba de garantizar la cena de su esposo. Esa imagen, triste y potente, contrasta con la riqueza cultural que Mendoza ha dado a Cuba durante décadas.

El activista enfatiza que no se trata de un caso aislado: “Mientras muchos comparten poemas en redes, la mujer que los escribe cuenta centavos en la acera. Eso no es pobreza individual. Es fracaso colectivo”. La situación de Isabel Mendoza evidencia algo más profundo que la carencia económica: revela la incapacidad del sistema para proteger a los más vulnerables, especialmente ancianos y artistas que han dedicado su vida a la cultura.

Lo más conmovedor del relato es la dignidad de Mendoza. No pedía lástima, pedía ayuda concreta: “Pidió tiempo. Pidió fuerza. Pidió que su esposo pudiera cenar”, escribió Sosa. En un gesto de solidaridad, además de entregarle alimentos, el activista le dio una rosa como símbolo de respeto y reconocimiento: “La rosa no fue adorno. Fue respeto. Fue decirle: la cultura no es desechable. Fue recordarle que su dignidad está intacta aunque la tela esté rota”.

La poetisa recibió la rosa con una sonrisa serena, sin lágrimas, demostrando que la adversidad no ha apagado su creatividad ni su voz. En el video compartido por Sosa se aprecia un diálogo lleno de afecto y reconocimiento: “Tú eres una mujer que hace poesía. Y los que creemos en la poesía, tenemos que tener fe y esperanza en el bien común”, le dice. Isabel lo abraza y reza una oración mientras recibe la bolsa con alimentos, un pequeño alivio en medio de la precariedad.

El cierre del relato de Sosa es devastador: “Un país que deja a sus poetas en la calle no está en crisis económica. Está en crisis moral… Porque cuando la belleza mendiga, algo profundo se está pudriendo”. La historia de Isabel Mendoza no solo denuncia la negligencia del Estado cubano; revela cómo la crisis humanitaria y ética afecta a artistas, ancianos y ciudadanos vulnerables que deberían recibir protección y reconocimiento por su contribución a la sociedad.

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