La frase cayó como gasolina en redes: “Está bueno el fuego que le metimos”. Así reaccionó un habanero tras el tiroteo contra una lancha que terminó con cuatro personas muertas. Las declaraciones fueron recogidas en La Habana por la agencia Associated Press (AP), y desde que salieron a la luz no han dejado de generar debate.
El hombre, identificado como Roberto Henry Figueredo, no dudó en respaldar la acción armada. Según su criterio, quienes protagonizaron el hecho estaban “probando la fuerza” del país, tanteando hasta dónde podían llegar si nadie les hacía frente. En su visión, la respuesta debía ser contundente. “Si nos disparan, nos comeremos las balas”, afirmó con una mezcla de desafío y convicción que refleja una postura dura ante lo ocurrido.
Pero no todos en La Habana piensan igual. En las mismas entrevistas realizadas por AP, otro residente, Efraín Scotland, ofreció una opinión completamente distinta. Lejos de celebrar el uso de la fuerza, cuestionó abiertamente la acción. “¡Pero qué demonios!”, soltó, visiblemente crítico. Según él, quienes se involucran en este tipo de hechos muchas veces lo hacen porque reciben dinero para ello y, aun así, arriesgan sus propias vidas. Recordó incluso que en el incidente las armas fueron confiscadas, subrayando lo complejo y peligroso del escenario.
Para Scotland, este tipo de episodios no son la vía para debilitar a un país. “Eso no tumba a una nación”, dijo, dejando claro que, desde su perspectiva, el conflicto armado no resuelve tensiones profundas ni cambia realidades estructurales.
Una tercera voz recogida en la capital fue la de Rosa Larrondo, quien adoptó una postura más cautelosa. Sin alinearse de forma tajante con ninguno de los extremos, expresó preocupación por lo que pueda venir después. “Supongo que las cosas se pondrán más tensas. Veremos qué pasa”, comentó. Sus palabras reflejan una sensación compartida por muchos: incertidumbre.
Rosa también calificó el hecho como “una violación de la soberanía del pueblo cubano”, una expresión que conecta con un discurso histórico muy arraigado en la isla cuando se trata de incidentes con actores externos. Para algunos, lo ocurrido no es solo un hecho violento aislado, sino un asunto que toca fibras sensibles relacionadas con independencia y límites nacionales.
Las declaraciones recopiladas por Associated Press muestran un mosaico de opiniones dentro de la propia capital. Hay quienes justifican el uso de la fuerza como una respuesta necesaria. Otros lo ven como una escalada innecesaria. Y también están los que, más allá de tomar partido, temen que la situación derive en mayor tensión.
El tiroteo contra la embarcación, que dejó cuatro fallecidos, ha abierto un debate complejo sobre el uso de la fuerza, la soberanía y las posibles consecuencias políticas y sociales. En un contexto ya marcado por dificultades económicas y tensiones acumuladas, este tipo de hechos no pasan desapercibidos.
Al final, más allá de las frases fuertes o de las posturas encontradas, lo que queda es una sensación clara: el tema está lejos de cerrarse. Las opiniones en La Habana reflejan que no existe una única narrativa. Entre quienes hablan de firmeza, quienes piden mesura y quienes temen lo que pueda venir, la conversación apenas comienza.










