Trump asegura que una vez terminada la guerra en Irán su objetivo inmediato será Cuba: «Me gusta acabar los trabajos»

El discurso subió otro escalón… y esta vez sin filtros. Donald Trump dejó claro que su mirada no está solo en Medio Oriente, sino también en Cuba. En una cena privada en Florida, soltó una frase que ha dado la vuelta: Estados Unidos “tomará control de Cuba casi de inmediato” una vez termine el conflicto con Irán.

No fue un comentario al aire. El propio Trump marcó su orden de prioridades con total claridad: primero Irán, después Cuba. “Me gusta terminar los trabajos”, dijo, dejando ver que la isla entra en su mapa estratégico como el próximo movimiento.

Pero lo más llamativo fue el escenario que planteó. Habló de desplegar el portaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas cubanas como muestra de fuerza. Según su visión, ese gesto bastaría para forzar una rendición. Una narrativa que suena más a guion de película que a diplomacia real, pero que refleja el tono agresivo actual.

Y mientras las palabras subían de tono, las acciones no se quedaron atrás. Ese mismo día, Washington activó una nueva orden ejecutiva que endurece aún más las sanciones contra el régimen cubano. La medida apunta directo a figuras del poder, empresas estatales y hasta entidades extranjeras que hagan negocios con La Habana.

El cerco se amplía y se vuelve más sofisticado. Ya no es solo presión interna, ahora también se castiga a quienes se relacionen con el sistema cubano desde fuera. Un movimiento que busca aislar aún más al régimen en el escenario internacional.

Todo esto forma parte de una estrategia que viene creciendo desde inicios de 2026, cuando Estados Unidos calificó al gobierno cubano como una amenaza. Desde entonces, las sanciones no han parado de acumularse, superando las 200 medidas.

El impacto en la isla es evidente. La crisis energética se ha disparado con la reducción de combustible, provocando apagones de hasta 25 horas. Un país entero funcionando a medias mientras el discurso oficial intenta aguantar el golpe.

En paralelo, hay intentos de negociación, pero sin resultados concretos. Washington exige cambios claros: liberación de presos políticos, apertura económica y fin de la represión. El régimen, como de costumbre, se planta.

Así se va armando el escenario: presión externa cada vez más fuerte, resistencia interna que no cede y una población atrapada en el medio. Mucho discurso, mucha tensión… y una realidad que sigue deteriorándose.