¡La tapa al pomo! Régimen asegura contar con el apoyo de los «espiritistas» para defender el socialismo en Cuba

En medio de un país que hierve por dentro, el régimen cubano sigue moviendo sus fichas… y ahora también en el terreno espiritual. Esta vez, figuras clave del poder en Granma aterrizaron en un centro espiritista de Bayamo con un mensaje que suena más a libreto político que a fe: mostrar “unidad” frente a la tensión con Estados Unidos.

La escena, que parece sacada de otro guion, estuvo protagonizada por Yudelkis Ortiz Barceló y Yanetsy Terry Gutiérrez, quienes visitaron el centro «Buscando Luz y Verdad» en Monte Oscuro. Todo muy simbólico, todo muy “paz y amor”, pero con un objetivo claro: sumar a los espiritistas al discurso oficial.

Desde redes sociales, el exministro Abel Prieto no perdió tiempo en reforzar la narrativa. Aseguró que los espiritistas cubanos están alineados “en defensa del socialismo”, mientras las propias autoridades locales hablaban de unidad, amor y rechazo a la guerra. Un mensaje que, más que espiritual, suena completamente político.

Este movimiento no llega por casualidad. Forma parte de la maquinaria que el régimen ha activado tras los recientes discursos de Díaz-Canel, donde volvió a hablar de guerra, fusiles y defensa nacional. Cuando la presión sube, la propaganda se multiplica.

Pero aquí hay una contradicción que no pasa desapercibida. Durante décadas, el propio sistema que ahora busca apoyo en creyentes fue abiertamente ateo y discriminó a quienes practicaban religiones. El mismo poder que antes rechazaba la fe, hoy la utiliza como herramienta política.

Y no es la primera vez. Ya en ocasiones anteriores, figuras del gobierno han intentado acercarse a proyectos espiritistas para vestir de “respaldo popular” lo que en realidad es una estrategia de control y narrativa.

El centro visitado tiene más de un siglo de historia y representa una tradición profundamente arraigada en el oriente cubano. Sin embargo, su utilización en este contexto deja un sabor incómodo. La fe convertida en escenario político.

A esto se suma el historial de las funcionarias involucradas, conocidas por exponer públicamente a ciudadanos en situaciones de presión o arrepentimiento. Casos que muchos interpretan como actos de manipulación y escarmiento público.

Por eso, verlas ahora hablando de amor y paz genera más dudas que confianza. Para muchos, no se trata de unidad real, sino de una puesta en escena más dentro del guion oficial.

Mientras tanto, la realidad sigue siendo otra. Apagones, escasez, descontento social… y un gobierno que, en lugar de responder con soluciones, apuesta por sumar símbolos, discursos y ahora hasta creencias para sostener su narrativa.