En medio de una escasez que ya es rutina en la Isla, una nueva declaración oficial ha encendido las redes… y no precisamente para bien. La presidenta de la Asamblea Municipal en Manicaragua, Madelaine Hernández García, soltó una frase que muchos no han podido creer: la falta de pan tiene “beneficios” para la población.
Sí, como suena. En una publicación en Facebook, la funcionaria defendió que la ausencia del pan normado —provocada por la crisis de combustible y materias primas— ha traído supuestos efectos positivos como menos problemas de presión, menos retención de líquidos y hasta una reducción de la obesidad. Todo sin una sola evidencia que respalde esas afirmaciones.
Para completar el cuadro, también promovió el llamado “pan de yuca” como alternativa, asegurando que incluso puede ser más sabroso que el tradicional. Pero más allá del sabor, lo que muchos ven es otra cosa: una solución improvisada vendida como logro.
Y ahí está el punto clave. Lo que debería ser reconocido como un problema serio —la falta de un alimento básico— se presenta como una especie de ventaja. Una narrativa que intenta convertir la escasez en virtud, algo que ya se ha vuelto demasiado común en el discurso oficial.
Porque la realidad en la calle es otra. La falta de harina, combustible y recursos lleva meses golpeando la producción de pan en Cuba. Lo que antes era cotidiano hoy es incierto, y lo que llega muchas veces no alcanza.
El “pan de yuca”, lejos de ser una estrategia planificada, es más bien un parche. Aunque la yuca forma parte de la dieta tradicional cubana, no sustituye de manera equilibrada al pan en términos nutricionales, especialmente si se convierte en consumo diario sin otros alimentos que compensen.
Expertos han señalado que no se trata de demonizar la yuca, sino de entender el problema de fondo: la falta de variedad y acceso a una alimentación completa. Algo que cada vez pesa más en el día a día del cubano.
Las reacciones no tardaron. Desde el periodismo independiente hasta usuarios comunes en redes sociales, muchos han criticado lo que consideran un intento de justificar lo injustificable. Normalizar la escasez con discursos optimistas ya no convence a nadie.

