Hijo de Juan Almeida Bosque señalado como posible culpable de un accidente de tránsito en Santiago de Cuba que dejó una persona fallecida

La muerte de Agustín Maceo Perdomo, conocido como “Pacolo”, ha dejado un dolor profundo… y una indignación que no para de crecer en Santiago de Cuba. El joven falleció este lunes en la noche, tras varios días luchando por su vida luego de un violento accidente ocurrido en la madrugada del 1 de mayo.

Desde el primer momento, el caso ha estado rodeado de sombras. Diversas versiones apuntan a Juan Guillermo Almeida (JG), hijo de una figura histórica del régimen, como el presunto conductor implicado en el atropello. Pero, como ya es costumbre en la isla, las autoridades no han confirmado ni desmentido nada.

El periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada fue quien dio la noticia del fallecimiento, confirmando lo que muchos temían. Mientras tanto, en la calle y en redes sociales, lo que se respira es rabia… y desconfianza.

Según testimonios, Pacolo circulaba en su motorina cuando fue impactado con fuerza. El vehículo quedó prácticamente destruido. Lo más alarmante es que, tras el choque, todo parecía “resuelto” en el momento, con conversaciones entre ambas partes e incluso un posible acuerdo.

El propio Agustín fue al hospital, pero no declaró el accidente. Dijo que se había caído. Lo revisaron y lo mandaron para su casa.

Ahí fue donde empezó la tragedia real.

Horas después, despertó desorientado, incoherente y convulsionando. Lo llevaron de urgencia al hospital Saturnino Lora, donde le diagnosticaron un derrame cerebral. Su estado se volvió crítico en cuestión de horas… hasta que su cuerpo no resistió más.

Hoy queda detrás una familia destrozada: una hija pequeña, una esposa joven y un hogar que dependía completamente de él. Quienes lo conocían lo describen sin rodeos: “era el bastón de la casa”.

Pero más allá del dolor, lo que enciende la indignación es el patrón que muchos reconocen demasiado bien. Dos versiones circulan sobre el accidente, pero ninguna ha sido aclarada oficialmente. Y mientras tanto, testigos aseguran que personas vinculadas al presunto implicado estuvieron presentes constantemente en el hospital.

Un trabajador del centro médico, bajo anonimato, soltó algo que huele más a control que a justicia: la Seguridad del Estado está siguiendo el caso de cerca.

Y en Cuba, eso rara vez significa transparencia.

En redes sociales, el debate se ha vuelto directo: ¿habrá consecuencias reales o será otro caso que se enfría por “apellidos” y conexiones? Algunos recuerdan incidentes pasados que, casualmente, nunca terminaron en tribunales.

El accidente ocurrió en una zona que los vecinos llaman sin rodeos “la esquina de la muerte”, en Santa Bárbara. Y como si fuera poco, ese mismo día otra joven —la doctora Thalía Milagros Mariño— perdió la vida en circunstancias similares en ese mismo lugar.

No es un hecho aislado. Cuba cerró 2025 con 750 muertos en accidentes de tránsito, en medio de un caos vial que refleja el deterioro general del país.

Pero aquí el problema no es solo el accidente.

El problema es lo que viene después.

El silencio. La falta de respuestas. Y la sensación de que en Cuba la justicia no pesa igual para todos.

Como dijo Mayeta, y retumba fuerte en la calle:
“Aquí no se trata de apellidos. Se trata de una vida. Y ninguna vida debería valer menos que un apellido.”