En medio de la creciente tensión con Estados Unidos, Lis Cuesta Peraza, esposa de Miguel Díaz-Canel, salió este martes con un mensaje en redes que huele más a propaganda reciclada que a respuesta real. Desde su cuenta en X, tiró mano de una vieja cita de Fidel Castro para reaccionar —sin mencionarlo directamente— a las recientes declaraciones de Donald Trump sobre Cuba.
El post, acompañado del clásico hashtag #LaPatriaSeDefiende, rescata un texto de 2008 donde Fidel hablaba de portaaviones y armas nucleares como instrumentos de intimidación. Un discurso que, más de una década después, el régimen sigue usando como si el tiempo no hubiera pasado.
La frase elegida no fue casual. Apunta a presentar a Estados Unidos como una amenaza permanente y a Cuba como víctima resistente. Pero en la práctica, suena más a libreto gastado que a respuesta seria ante la realidad actual. Porque mientras se repiten consignas, el país sigue hundido en apagones, escasez y desesperación.
Todo esto llega justo después de que Trump volviera a mencionar la posibilidad de enviar el portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de la isla, como parte de una estrategia de presión. Sus palabras fueron claras: colocar ese gigante militar frente a Cuba y observar la reacción del régimen. Un mensaje fuerte… y directo.
La reacción desde La Habana no tardó, pero fue la de siempre. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla salió con el discurso de resistencia, asegurando que el país no se deja intimidar y repitiendo la narrativa de plaza sitiada. Mucho ruido político, pero cero soluciones para la crisis interna.
Lo curioso es cómo el régimen insiste en conectar cualquier situación actual con discursos del pasado. La publicación de Lis Cuesta intenta crear un paralelismo entre lo que ocurría en 2008 y el escenario de hoy. Pero la realidad es otra: Cuba no enfrenta solo presión externa, sino un colapso interno que ya no se puede esconder con citas históricas.
Mientras tanto, la presión desde Washington sigue subiendo. Sanciones, tensiones militares y decisiones políticas que ponen al régimen contra las cuerdas. Y en lugar de respuestas concretas, lo que aparece es más ideología reciclada y mensajes simbólicos.

