Marco Rubio volvió a poner al régimen cubano contra las cuerdas este martes durante una rueda de prensa desde la Casa Blanca, donde no se guardó absolutamente nada al describir a la dictadura de La Habana como un “estado fallido” manejado por “comunistas incompetentes” incapaces de sacar al país del desastre.
El secretario de Estado ocupó el podio en sustitución de Karoline Leavitt, quien permanece de licencia de maternidad tras dar a luz a su segundo hijo el pasado 17 de abril. Y desde el primer minuto dejó claro que no venía precisamente a hablar suavecito.
Rubio aprovechó la comparecencia para desmontar una de las excusas favoritas del castrismo: el supuesto “bloqueo petrolero” estadounidense.
Según explicó, el problema energético de Cuba no tiene nada que ver con un embargo de petróleo impuesto por Washington, sino con el colapso del modelo dependiente que durante años vivió pegado al subsidio venezolano.
“Cuba solía recibir petróleo gratis de Venezuela”, recordó Rubio. Pero acto seguido soltó el golpe político: “Tomaban gran parte de ese petróleo y lo revendían por dinero. Ni siquiera beneficiaba a la gente”.
La frase cayó como una bomba porque resume perfectamente una crítica que muchos cubanos llevan años haciendo: mientras el pueblo hacía colas eternas y sufría apagones, el régimen convertía recursos estratégicos en negocio político y financiero.
Rubio insistió en que el único “bloqueo” real ocurrió cuando Venezuela dejó de regalar petróleo.
Y honestamente, cuesta discutirle eso viendo el desastre energético actual de la isla.
“Nadie está regalando petróleo hoy en día, mucho menos a un régimen fracasado”, afirmó el secretario de Estado.
Pero el momento más duro llegó cuando Rubio volvió a utilizar una frase que ya había soltado meses atrás y que se ha convertido prácticamente en su sello político respecto a Cuba.
“Lo único peor que un comunista es un comunista incompetente”, dijo frente a la prensa internacional.
Y remató sin anestesia: “Eso es lo que hay dirigiendo ese país. No saben cómo arreglarlo. De verdad no saben”.
Las declaraciones llegan en uno de los momentos más tensos entre Washington y La Habana en los últimos años. La administración de Donald Trump ha incrementado las sanciones contra sectores claves del régimen cubano, golpeando especialmente las áreas de energía, finanzas, minería y defensa.
Rubio además dejó claro que Estados Unidos ya no mira la situación cubana únicamente como un problema político regional, sino como un asunto de seguridad nacional.
“Tenemos a 90 millas de nuestras costas un estado fallido que además sirve de territorio favorable para adversarios de Estados Unidos”, advirtió.
Y aunque evitó anunciar medidas específicas, soltó una frase que en La Habana seguramente no cayó nada bien: “La situación será abordada”.
Mientras tanto, el régimen cubano continúa respondiendo con la misma retórica de confrontación de siempre.
Miguel Díaz-Canel volvió recientemente a hablar de una supuesta agresión militar inminente por parte de Estados Unidos e invocó otra vez la doctrina de la “Guerra de Todo el Pueblo”, afirmando que “cada cubana y cada cubano tiene un fusil”.
Pero para muchísimos cubanos, el verdadero enemigo hoy no parece ser un portaaviones americano.
Son los apagones eternos.
La falta de comida.
Los hospitales destruidos.
La inflación salvaje.
Y un sistema económico que simplemente dejó de funcionar hace rato.
Rubio cerró su mensaje dejando una advertencia bastante clara sobre el futuro del régimen.
“El modelo económico no funciona”, insistió. “No funciona”.
Y entonces vino la frase que probablemente más ruido generará tanto dentro como fuera de Cuba: “Las cosas van a cambiar”.

