Marco Rubio volvió a subir la temperatura política contra el régimen cubano este jueves con un mensaje directo y sin maquillaje: la administración Trump no piensa aflojar la presión sobre La Habana hasta que el sistema comunista haga reformas reales o termine cediendo.
El secretario de Estado publicó la advertencia en sus redes sociales pocas horas después de anunciar una nueva ronda de sanciones dirigidas al corazón económico y militar del poder en Cuba. Y el tono fue clarito, sin diplomacia de cartón ni frases recicladas.
“Las sanciones de hoy demuestran que la administración Trump no se quedará de brazos cruzados”, escribió Rubio, dejando claro que Washington seguirá golpeando financieramente al aparato del régimen mientras continúen las estructuras políticas y económicas que mantienen hundida a la Isla.
El nuevo paquete de medidas apunta directamente a GAESA, el gigantesco conglomerado militar controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias y considerado por muchos como la verdadera caja fuerte del castrismo. El grupo domina hoteles, puertos, tiendas, remesas, comercio exterior y buena parte del dinero que entra al país.
Según estimaciones, GAESA controla entre el 40% y el 70% de la economía formal cubana, una concentración brutal de poder económico manejada desde círculos militares mientras el pueblo sobrevive entre apagones, hambre y salarios pulverizados.
Junto a GAESA también fueron sancionadas la ejecutiva Ania Guillermina Lastres Morera y la empresa estatal Moa Nickel S.A., vinculada al negocio del níquel cubano. Todo esto bajo la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el pasado 1 de mayo contra funcionarios y entidades relacionadas con la represión y amenazas a la seguridad nacional estadounidense.
Y el golpe no demoró en sentirse.
La minera canadiense Sherritt International, uno de los socios extranjeros más importantes del régimen, reaccionó casi de inmediato suspendiendo operaciones conjuntas en Cuba. Además retiró personal extranjero y sufrió una sacudida fuerte en bolsa, donde sus acciones llegaron a desplomarse hasta un 30%.
Mientras tanto, la economía cubana sigue cayendo en barrena. Desde enero de 2026, la administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra La Habana, además de interceptar varios tanqueros de combustible destinados a la Isla. El impacto energético ha sido demoledor.
Hoy Cuba vive apagones de hasta 25 horas en muchas provincias, con más de la mitad del país atrapado en cortes eléctricos constantes. Y como si fuera poco, la Unidad de Inteligencia de The Economist proyecta una contracción económica del 7,2% este año.
Rubio no escondió su visión sobre el sistema cubano. Días antes había dicho que el régimen está dirigido por “comunistas incompetentes” incapaces de resolver el desastre económico que ellos mismos provocaron durante décadas.
Desde La Habana, la reacción fue la de siempre. Miguel Díaz-Canel salió hablando de “bloqueo genocida” y acusó a Washington de atacar al pueblo cubano, mientras Bruno Rodríguez repitió el libreto oficial calificando las sanciones como “ilegales” y “abusivas”.
Pero dentro de Cuba, muchos ciudadanos ven otra cosa: un régimen que sigue culpando al enemigo externo mientras las termoeléctricas explotan, el gas desaparece, la comida no alcanza y miles de jóvenes continúan huyendo del país.
La tensión aumentó todavía más después de que Rubio apareciera fotografiado frente a un mapa de Cuba durante una reunión del Comando Sur en Doral, Florida. La imagen disparó rumores, especulaciones y nerviosismo dentro del oficialismo cubano.
Y para echarle más leña al fuego político, el propio Rubio soltó otra frase que dejó a más de uno mirando al techo en La Habana: “No voy a decir lo que discutí con el Comando Sur, pero tenía que ver algo con Cuba”.
En medio del colapso económico, el miedo institucional y la presión internacional creciente, la sensación que empieza a respirarse es que algo se está moviendo… y esta vez el régimen no parece tan cómodo como antes.

