A pesar de las sanciones, una intervención militar en Cuba sigue sobre la mesa de la oficina oval del presidente Trump en la Casa Blanca

La presión de Washington sobre el régimen cubano sigue subiendo de temperatura y esta vez el golpe cayó directo sobre el núcleo económico de la cúpula militar. El secretario de Estado Marco Rubio anunció nuevas sanciones contra GAESA, la poderosa maquinaria empresarial controlada por las Fuerzas Armadas cubanas, además de castigar a una de sus directivas y a la empresa minera Moa Nickel S.A.

La movida llega en medio de un ambiente cada vez más caliente entre Estados Unidos y La Habana, con rumores de posibles escenarios militares, movimientos en el Comando Sur y una ofensiva política de la administración Trump que parece lejos de detenerse.

Las sanciones fueron aplicadas bajo la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el pasado 1 de mayo contra quienes Washington considera responsables de la represión en Cuba y de amenazas a la seguridad nacional estadounidense.

Rubio no se anduvo con medias tintas. Definió a GAESA como “el corazón del sistema comunista cleptócrata cubano”, dejando claro que el objetivo principal es golpear la estructura financiera que sostiene al régimen. Y no es poca cosa. Ese conglomerado militar controla hoteles, puertos, remesas, comercio exterior y buena parte de los dólares que circulan dentro de la Isla.

Según estimados, GAESA domina entre el 40% y el 70% de la economía formal cubana, con activos valorados en más de 18 mil millones de dólares. O sea, prácticamente el régimen completo pasa por ahí.

La otra entidad sancionada, Moa Nickel S.A., también quedó bajo fuego. Rubio aseguró que la empresa minera ha explotado recursos cubanos para beneficiar a la élite gobernante mientras el pueblo sigue hundido en apagones, escasez y miseria.

Y el impacto no tardó en sentirse. Apenas salió el anuncio, la minera canadiense Sherritt International —socia histórica de Moa Nickel— suspendió sus operaciones en Cuba y comenzó a sacar a su personal extranjero del país. Para el régimen, eso representa otro golpe durísimo en medio de una economía prácticamente en terapia intensiva.

Pero lo que más combustible echó al ambiente fue el contexto político y militar alrededor del anuncio.

Hace apenas días, el Departamento de Estado comenzó a mover personal hacia el Comando Sur en Miami mientras refuerza centros logísticos en el sur de Florida. A eso se suma la famosa foto viral de Marco Rubio junto al general Francis Donovan frente a un mapa gigante de Cuba en Doral.

Cuando le preguntaron por la imagen, Rubio respondió con una frase que disparó todavía más las especulaciones: “Cuba está en el Comando Sur, es lo más cercano a Estados Unidos”.

Y por si faltaba tensión, Trump soltó recientemente en una cena privada que Estados Unidos “tomará Cuba casi inmediatamente” después de cerrar operaciones militares en Irán. Más tarde volvió a mencionar el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de la isla.

Mientras tanto, desde La Habana el régimen responde con discursos de guerra y propaganda reciclada. Díaz-Canel habló de una supuesta “agresión militar inminente” y volvió a desempolvar la doctrina de la “Guerra de Todo el Pueblo”, diciendo que cada cubano tiene una posición defensiva asignada.

Pero en la calle la realidad es otra. La Isla está apagada, quebrada y agotada. Más de 240 sanciones han golpeado al régimen desde enero de 2026, mientras las importaciones de combustible cayeron hasta un 90%. El resultado son apagones de hasta 25 horas, termoeléctricas colapsadas y un país entero sobreviviendo al límite.

Rubio dejó claro que esto no termina aquí. Según dijo, “se pueden esperar nuevas designaciones en los próximos días y semanas”. Y mientras la presión económica aumenta, el nerviosismo dentro del aparato político cubano también parece ir subiendo como la espuma.