¿Protegido por Washington? El misterio detrás de la ausencia de “El Cangrejo” en las sanciones de la Administración Trump contra Cuba

La nueva ofensiva de sanciones anunciada por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, volvió a golpear directamente al entramado económico y militar del régimen cubano. Sin embargo, en medio de la presión contra GAESA y varios operadores del castrismo, hubo una ausencia que no pasó desapercibida: la de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido dentro de la élite cubana como “El Cangrejo”.

Y claro, la pregunta empezó a correr rápido entre analistas, opositores y hasta dentro de los propios círculos del poder en La Habana: ¿por qué el nieto de Raúl Castro sigue fuera de la lista más dura de sanciones de Estados Unidos?

Mientras Washington endurece el cerco financiero contra figuras vinculadas al aparato represivo y empresarial del régimen, El Cangrejo continúa sin aparecer en la Lista SDN del Departamento del Tesoro, la herramienta más agresiva utilizada por EE.UU. para congelar activos y bloquear operaciones económicas internacionales.

La omisión resulta todavía más llamativa si se tiene en cuenta que actualmente apenas ocho cubanos integran esa lista negra. Y entre ellos no está precisamente uno de los hombres que muchos consideran parte del verdadero círculo de poder detrás del castrismo.

El contraste pesa aún más cuando se compara con otros países sancionados por Washington. Rusia acumula miles de individuos castigados por la invasión a Ucrania. Venezuela supera ampliamente el centenar. Cuba, pese a décadas de denuncias por represión, presos políticos y violaciones sistemáticas de derechos humanos, sigue teniendo una cantidad mínima de nombres sancionados de manera individual.

Pero el detalle más incómodo para el régimen —y también para Washington— es el vínculo familiar y político que rodea a El Cangrejo. Es hijo de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, el poderoso militar que dirigió GAESA durante años y que terminó convirtiéndose en el primer cubano sancionado personalmente por Estados Unidos en 2020.

Entonces la pregunta cae por su propio peso: si sancionaron al padre, por qué el hijo sigue intocable?

La teoría que más fuerza ha tomado apunta a que Rodríguez Castro estaría funcionando como un canal discreto de comunicación entre el entorno de Raúl Castro y sectores cercanos a la administración Trump.

Desde febrero de 2026 comenzaron a circular reportes sobre reuniones entre allegados de Marco Rubio y El Cangrejo en Basseterre, capital de San Cristóbal y Nieves. Según distintas fuentes, los encuentros habrían girado alrededor del futuro político de Cuba y se desarrollaron en un clima mucho más cordial de lo que muchos esperaban.

La historia se puso todavía más caliente en abril, cuando una delegación oficial del Departamento de Estado aterrizó en La Habana en el primer vuelo gubernamental estadounidense hacia Cuba desde 2016.

Durante esa visita, según varios reportes, un alto funcionario norteamericano sostuvo una reunión aparte con Rodríguez Castro. Lo curioso es que tanto Washington como el propio MINREX cubano terminaron confirmando indirectamente esos contactos.

Poco después salió a la luz otro movimiento que disparó aún más las especulaciones. El Cangrejo habría intentado establecer comunicación directa con Donald Trump mediante una carta enviada a través de Roberto Carlos Chamizo González, un presunto agente del MININT con fachada empresarial. El emisario llegó a Miami el 18 de abril, aunque aparentemente la maniobra no terminó prosperando.

Mientras tanto, dentro de Cuba, el poder de El Cangrejo sigue creciendo casi en silencio.

Aunque no ocupa cargos oficiales visibles dentro del gobierno ni aparece formalmente en el Buró Político, diversas fuentes cercanas a la cúpula del régimen aseguran que heredó buena parte de la influencia que tenía su padre dentro de GAESA y del entramado militar controlado históricamente por Raúl Castro.

Desde 2016 dirige la seguridad personal de su abuelo y controla el acceso directo al viejo general. En otras palabras: nadie llega a Raúl Castro sin pasar antes por él.

Por eso, cada vez que aparece sentado junto a figuras del máximo liderazgo político cubano durante actos oficiales, las señales son claras. Aunque no dé discursos ni salga constantemente en televisión, su peso dentro de la estructura del régimen parece enorme.

Y ahí es donde entra el cálculo político de Washington.

Sancionarlo ahora podría romper uno de los pocos canales de comunicación abiertos entre Estados Unidos y el núcleo duro del castrismo. Sobre todo en un momento donde la administración Trump combina presión pública, sanciones económicas y posibles negociaciones tras bambalinas.

Rubio dejó claro recientemente que “vendrán más sanciones contra el régimen cubano en los próximos días y semanas”, una frase que muchos interpretan como advertencia… pero también como una puerta abierta.