El periódico oficial Granma volvió a subir el tono este viernes con un editorial cargado de amenazas, victimismo político y retórica de confrontación. Bajo el título “No habrá perdón ni olvido”, el régimen cubano dejó claro que intenta preparar nuevamente el escenario de “plaza sitiada” para justificar su discurso de resistencia mientras el país sigue hundido en una crisis total.
El texto apunta directamente contra figuras cubanoamericanas vinculadas a la administración de Donald Trump, acusándolas de impulsar una posible intervención militar contra Cuba.
Entre los señalados aparecen Marco Rubio, los congresistas Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar, además del exfuncionario Mauricio Claver-Carone.
Según el editorial, ese grupo estaría “fabricando mentiras” para convencer a Washington de que Cuba representa una amenaza para Estados Unidos y empujar así un conflicto armado de consecuencias impredecibles.
La narrativa del régimen intenta nuevamente colocar a Cuba en el papel de víctima heroica frente a una supuesta agresión inminente, mientras evita hablar de la verdadera explosión interna que vive el país: hambre, apagones, éxodo masivo y una economía prácticamente destruida por décadas de control absoluto.
Granma incluso responsabilizó directamente a estos políticos de cualquier muerte que pudiera ocurrir en caso de un eventual enfrentamiento militar, incluyendo civiles, ancianos, mujeres y niños.
El editorial también recordó el ataque ocurrido el 3 de enero de 2026 en Venezuela, donde murieron decenas de militares y agentes cubanos que protegían al régimen de Nicolás Maduro. El texto cuestiona cuál sería la “responsabilidad moral” de quienes promueven presión contra La Habana en aquellas muertes.
Los restos de esos militares fueron trasladados posteriormente a Cuba bajo ceremonias oficiales organizadas por el Partido Comunista, utilizadas ampliamente por la propaganda estatal para reforzar la narrativa de resistencia revolucionaria.
Todo esto ocurre en medio de una escalada política que no deja de calentarse.
En las últimas semanas, Trump ha endurecido públicamente su discurso sobre Cuba con declaraciones cada vez más agresivas. Desde Florida aseguró recientemente que Cuba podría ser “la siguiente”, y días después volvió a amenazar con desplegar el portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de las costas cubanas hasta lograr la rendición del régimen.
Además, el pasado 2 de mayo, la administración estadounidense declaró oficialmente a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, aumentando todavía más la tensión diplomática entre ambos países.
La reacción de Miguel Díaz-Canel fue inmediata. El gobernante cubano respondió asegurando que “ningún agresor doblegará a Cuba”, insistiendo nuevamente en el discurso épico de resistencia militar que el castrismo utiliza históricamente cada vez que necesita cohesionar políticamente a sus sectores más fieles.
Mientras tanto, Rubio apareció recientemente en una reunión del Comando Sur en Doral, Florida, frente a un mapa de Cuba y bajo el lema “Paz a través de la Fuerza”, donde afirmó que espera ver caer pronto al régimen cubano.
La tensión verbal ya alcanzó también a la diplomacia oficial cubana. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla advirtió este viernes que un eventual ataque militar provocaría un “baño de sangre”, alineándose completamente con el tono dramático y confrontacional del editorial de Granma.
Pero detrás de toda esta retórica de guerra, muchos cubanos sienten que el régimen intenta desviar la atención de su propio fracaso interno.
Porque mientras la propaganda habla de invasiones, bloqueos y conspiraciones internacionales, la población sigue atrapada entre apagones interminables, comida imposible de conseguir, hospitales colapsados y salarios que ya no alcanzan ni para sobrevivir.
Y cada vez más personas dentro y fuera de Cuba sienten que el discurso de resistencia ya no convence como antes.

