El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a quedar desconectado de la realidad que vive el pueblo cubano tras publicar este domingo un mensaje por el Día de las Madres protagonizado no por una madre trabajadora enfrentando apagones, hambre y escasez… sino por una joven oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias junto a su hijo.
Mientras millones de madres cubanas sobreviven cocinando de madrugada cuando aparece la corriente, haciendo colas interminables o tratando de inventar comida donde no la hay, la Presidencia decidió usar una imagen militarizada como símbolo oficial de la maternidad en Cuba.
La publicación apareció en la cuenta oficial de X de Díaz-Canel y mostraba a “Loyda”, identificada como oficial de las FAR, junto a su hijo Frank, descrito como “su razón de ser”. La felicitación también estaba firmada por Lis Cuesta Peraza y llevaba el sello oficial de la Presidencia de la República.
El mensaje intentó mezclar maternidad, sacrificio y defensa ideológica del régimen en un mismo paquete propagandístico.
“Por defender su mundo están dispuestas a pelear”, escribió Díaz-Canel antes de rematar vinculando directamente el rol de las madres con la defensa del sistema político cubano.
Y ahí fue donde muchísimos cubanos volvieron a sentir el choque brutal entre la propaganda oficial y la vida real.
Porque mientras el gobierno habla de heroísmo y resistencia, la realidad de las madres cubanas hoy es mucho más dura y mucho menos épica.
Hace apenas unos días, un video se hizo viral mostrando a una mujer explicando cómo tiene que levantarse a las tres de la madrugada para cocinar cuando llega la electricidad y luego irse a trabajar prácticamente sin dormir.
Otra madre cubana publicó recientemente una carta dirigida al propio Díaz-Canel preguntándole algo devastador: cómo explicarle a un niño pequeño y a una anciana que simplemente no hay desayuno, almuerzo ni comida.
Esa es la maternidad real que se vive hoy en Cuba.
No la de las postales oficiales.
El contraste se volvió todavía más ofensivo porque, casi al mismo tiempo, tiendas vinculadas al conglomerado estatal CIMEX promocionaban motos para regalar el Día de las Madres a precios superiores a los 2,000 dólares en un país donde el salario promedio apenas ronda unos pocos dólares mensuales al cambio informal.
O sea, propaganda de lujo para una población que apenas puede sobrevivir.
Y no es la primera vez que ocurre algo así.
Cada Día de las Madres el régimen intenta construir una narrativa emocional mientras ignora completamente el deterioro brutal que enfrentan las familias cubanas. En años anteriores, Díaz-Canel ya había sido criticado por publicaciones similares consideradas artificiales, elitistas o alejadas de la realidad del pueblo.
Pero este año el simbolismo militar llamó especialmente la atención.
Porque mientras Cuba atraviesa uno de los peores colapsos económicos de su historia moderna, el gobierno sigue colocando constantemente a las estructuras militares y de control político en el centro de su narrativa pública.
Y mientras tanto, las madres reales continúan cargando el peso de la crisis.
Son ellas las que hacen magia para alimentar a sus hijos en medio de la inflación descontrolada. Las que pasan horas buscando comida. Las que soportan apagones eternos. Las que cuidan ancianos sin medicamentos. Las que intentan mantener funcionando hogares enteros mientras el país se cae a pedazos.
El propio Díaz-Canel reconoció recientemente que Cuba atraviesa condiciones similares al Período Especial de los años noventa. También admitió que la Isla pasó meses enteros prácticamente sin combustible.
Hoy los apagones golpean a más de la mitad del país y cada vez aparecen más reportes de personas desmayándose por hambre o agotamiento.
Incluso Lis Cuesta terminó reconociendo indirectamente la gravedad del momento cuando escribió hace semanas una frase que muchos cubanos interpretaron como una confesión involuntaria del desastre nacional: “Corren malos tiempos”.
Y vaya si corren.
Por eso, mientras el régimen intenta vender imágenes cuidadosamente diseñadas para la propaganda política, muchísimas madres cubanas viven una realidad completamente distinta: una donde el sacrificio ya no es simbólico ni heroico.

