El régimen cubano sigue intentando maquillar el desastre energético con soluciones improvisadas mientras el país permanece atrapado entre apagones eternos, falta de combustible y un Sistema Eléctrico Nacional prácticamente colapsado. Esta vez, la novedad llega desde el Vedado habanero, donde las autoridades anunciaron la próxima apertura de una estación de carga solar, conocida popularmente como “solinera”.
La instalación estará ubicada en la intersección de 23 y J, frente al parque de El Quijote, en el municipio Plaza de la Revolución, según informó el oficialista Canal Habana.
El proyecto fue presentado como otro ejemplo de “innovación” gubernamental y recibió la clásica visita de dirigentes y funcionarios del aparato político cubano. Entre ellos estuvieron Esteban Lazo Hernández, el dirigente partidista Liván Izquierdo Alonso y la gobernadora capitalina Yanet Hernández Pérez.
La llamada solinera utilizará paneles solares para cargar triciclos eléctricos destinados a la recogida de basura en varias circunscripciones del Vedado. Según las autoridades, la estación también ofrecerá servicio de carga para vecinos y pequeños negocios cercanos.
Pero detrás del discurso optimista, la realidad vuelve a revelar el tamaño del colapso cubano.
Porque estas iniciativas no nacen de una modernización planificada ni de un salto tecnológico revolucionario.
Nacen de la desesperación.
En febrero de este año apenas 44 de los 106 camiones recolectores de basura de La Habana seguían funcionando. El resto quedó fuera de servicio por falta de piezas, combustible o mantenimiento. Ante ese desastre, el gobierno tuvo que improvisar utilizando triciclos eléctricos para intentar evitar que la basura terminara devorando la capital.
Y ahí aparecen las “solineras”.
El término, mezcla de “solar” y “gasolinera”, refleja perfectamente hasta qué punto la crisis energética cubana ha obligado al país a vivir inventando soluciones de emergencia para sobrevivir el día a día.
La primera estación de este tipo abrió hace apenas unas semanas en Santa Clara, construida a toda velocidad mientras el Sistema Eléctrico Nacional continúa acumulando apagones masivos y colapsos históricos.
Después vinieron anuncios similares en Matanzas, donde incluso se habló de utilizar estas estaciones para que la población pueda cargar teléfonos o cocinar fuera de casa durante los apagones.
Y eso dice muchísimo de la situación actual de Cuba.
Porque cuando un país necesita estaciones públicas para que la gente pueda cocinar o cargar un celular, lo que existe no es una crisis puntual.
Es un colapso estructural.
La situación energética empeoró brutalmente desde comienzos de 2026 tras la interrupción de suministros petroleros desde Venezuela y la reducción de exportaciones mexicanas hacia la Isla. Desde entonces, el régimen no ha logrado estabilizar el sistema eléctrico y los apagones se han vuelto parte permanente de la vida cotidiana.
En varias provincias los cortes superan fácilmente las 20 y hasta 24 horas consecutivas.
Mientras tanto, el gobierno intenta vender estas pequeñas soluciones solares como avances importantes, aunque ni remotamente pueden cubrir las enormes necesidades energéticas del país.
Cuba necesita diariamente decenas de miles de barriles de petróleo adicionales para sostener mínimamente el funcionamiento del país. Pero la producción nacional apenas cubre una fracción de esa demanda.
Y ninguna “solinera” puede resolver eso.
De hecho, el propio comentario de un vecino tras inaugurarse la primera estación solar en Santa Clara resumió mejor que cualquier discurso oficial la realidad del momento: sí, ayuda… pero el problema sigue intacto.
Porque al final, la verdadera tragedia es que millones de cubanos ya normalizaron tener que buscar lugares externos para cocinar, cargar un teléfono o simplemente conservar comida.
Mientras el régimen habla de resiliencia y creatividad, el pueblo sigue adaptándose a vivir en condiciones cada vez más precarias.
Y así, poco a poco, Cuba parece transformarse en un país donde sobrevivir depende más de inventar soluciones improvisadas que de contar con un sistema funcional.

