Donald Trump pierde la paciencia con Cuba y exige respuestas: «¿Por qué no ha colapsado el régimen cubano?»

Donald Trump estaría mostrando señales claras de frustración con la situación en Cuba. Nuevos reportes publicados en Estados Unidos aseguran que el mandatario considera demasiado lento el impacto de la presión aplicada contra el régimen de La Habana, que pese a las sanciones y el aislamiento internacional, sigue aferrado al poder como garrapata en palo seco.

Durante meses, la administración republicana ha endurecido medidas económicas, aumentado la presión diplomática y reforzado el discurso contra el gobierno cubano. Pero hasta ahora, el castrismo continúa resistiendo sin dar señales de aceptar las exigencias planteadas desde Washington.

Según una investigación publicada por NBC News, Trump habría pedido explicaciones directas a sus asesores sobre por qué la estrategia estadounidense todavía no logra provocar el derrumbe del sistema cubano. Y la pregunta no es menor, compay, porque dentro de la Casa Blanca algunos ya daban por hecho que el modelo impuesto en la Isla estaba entrando en fase terminal.

El reporte menciona testimonios de funcionarios actuales, exfuncionarios y personas cercanas a las conversaciones internas del gobierno estadounidense. De acuerdo con esas fuentes, varios asesores creen que el régimen cubano podría entrar en una crisis definitiva antes de que termine el año, incluso sin necesidad de una intervención militar directa.

Pero al parecer, Trump no está conforme con el ritmo de los acontecimientos. La paciencia se le estaría acabando y eso habría generado nuevas discusiones dentro del aparato de defensa estadounidense.

NBC también reveló que el Pentágono comenzó a revisar y actualizar posibles escenarios relacionados con Cuba ante una eventual orden presidencial. Aunque funcionarios aclararon que no existe una operación militar inmediata sobre la mesa, el simple hecho de revisar esos planes vuelve a encender las alarmas alrededor del futuro de la Isla.

Claro, el Departamento de Defensa actualiza constantemente estrategias para distintas regiones del mundo, eso no es nuevo. Pero en el contexto cubano, donde el régimen lleva años vendiendo el cuento de la “plaza sitiada” para justificar el desastre nacional, cualquier movimiento desde Washington genera tensión política y especulación internacional.

La nueva información también contradice parcialmente lo que trascendió tras la reciente visita del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva a la Casa Blanca. Después de ese encuentro, Lula comentó que Trump le había asegurado que no contemplaba una intervención militar contra Cuba.

En aquel momento, el mensaje parecía apuntar únicamente hacia un aumento de la presión económica y política, sin cruzar la línea de una acción armada. Pero ahora el panorama luce más complejo y mucho más caliente.

El reporte de NBC describe un ambiente de creciente impaciencia dentro de Washington, especialmente porque el régimen cubano continúa sobreviviendo pese al colapso económico, los apagones eternos, el hambre, la migración masiva y el rechazo popular que se respira dentro de la Isla.

Aunque nada confirma que exista una decisión militar tomada, sí queda claro que el tema Cuba sigue ocupando espacio importante en la agenda estadounidense. Y mientras La Habana continúe cerrándose políticamente, la presión podría seguir aumentando.

Por otro lado, el secretario de Estado Marco Rubio también elevó el tono contra el gobierno cubano en recientes declaraciones. Rubio calificó como “inaceptable” que Estados Unidos tenga “un Estado fallido a solo 90 millas de sus costas”, una frase que refleja la línea dura que actualmente domina la política hacia Cuba.

Además, criticó duramente el rechazo del régimen a una propuesta de ayuda humanitaria valorada en 100 millones de dólares. Según Washington, el paquete incluía apoyo agrícola, mejoras de infraestructura y acceso gratuito durante dos años al internet satelital Starlink.

A cambio, Estados Unidos pedía algo que el castrismo históricamente evita como el diablo al agua bendita: liberación de presos políticos, apertura económica real y mayores libertades para el pueblo cubano.

Pero como ya es costumbre en La Habana, el régimen prefirió mantener el control absoluto antes que aceptar condiciones que pudieran abrirle una ventana de libertad a los cubanos de a pie.