La crisis energética en Cuba volvió a golpear con fuerza este domingo, justo en medio del Día de las Madres, dejando a millones de familias atrapadas entre apagones, calor insoportable y otro capítulo del desastre eléctrico que el régimen ya ni siquiera puede maquillar.
La propia Unión Eléctrica reconoció que el país superó los 1770 MW de afectación tras una nueva avería en la termoeléctrica Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada una de las piezas más importantes —y más inestables— del sistema energético cubano.
El fallo ocurrió a las 11:24 de la noche del sábado, según informó el Despacho Nacional de Carga durante la transmisión oficial en la televisión estatal. Apenas minutos después, el déficit eléctrico se disparó hasta alcanzar niveles críticos en buena parte del país.
El director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, admitió que la afectación máxima llegó a 1770 MW a las 11:40 p.m., incluso fuera del horario habitual de mayor consumo. Traducido al idioma de la calle: media Cuba quedó a oscuras mientras el régimen seguía soltando justificaciones técnicas que ya nadie se cree completas.
Y claro, el golpe cayó en el peor momento posible. Muchas madres cubanas amanecieron este domingo cocinando tarde, improvisando celebraciones familiares y tratando de dormir en medio del sofoco infernal que dejan los apagones interminables.
En redes sociales, las reacciones no tardaron en explotar. Desde diferentes provincias comenzaron a aparecer comentarios de personas denunciando barrios completos sin electricidad durante horas.
“En Cifuentes, Villa Clara, tremendo regalo para las madres: tremendo apagón”, escribió una usuaria visiblemente molesta. Mientras tanto, vecinos de municipios habaneros como La Lisa y San Agustín contaron que tuvieron que pasar parte de la madrugada en los techos de sus casas intentando escapar del calor.
La Unión Eléctrica volvió a culpar a las averías y mantenimientos de varias plantas generadoras. Según los datos oficiales, este domingo cuatro unidades permanecían fuera de servicio por roturas y otras tres continuaban detenidas por mantenimiento programado.
Para el horario pico de la noche, la UNE calculó una demanda de 3200 MW frente a una disponibilidad real de apenas 1615 MW. Es decir, el sistema eléctrico cubano sigue funcionando prácticamente al borde del colapso total.
Aunque las autoridades anunciaron que la Guiteras debía reincorporarse alrededor del mediodía, también aclararon que la central necesitaría tiempo para estabilizar carga y recuperar capacidad. En otras palabras, más apagones y más paciencia obligada para un pueblo agotado física y mentalmente.
La escena ya se ha convertido en parte amarga de la rutina nacional: funcionarios leyendo partes técnicos en televisión, promesas de “mejoría gradual” y cubanos reorganizando sus vidas alrededor de horarios de apagón que cambian constantemente.
Pero detrás de las cifras y los discursos oficiales, el malestar sigue creciendo. Cada día son más los que cuestionan si realmente las termoeléctricas son el único problema o si el verdadero desastre viene de décadas de abandono, corrupción e incapacidad de un régimen que llevó al país a la ruina total.
Después de más de dos años de crisis energética casi permanente, las redes sociales reflejan algo todavía más preocupante: ya no solo hay indignación, también hay agotamiento. Entre felicitaciones oficiales por el Día de las Madres y promesas recicladas de recuperación, Cuba terminó otra vez envuelta en oscuridad.

