La crisis energética en Cuba sigue hundiéndose sin frenos y ya ni los anuncios oficiales logran maquillar el desastre. Aunque la termoeléctrica Central Termoeléctrica Antonio Guiteras volvió a sincronizarse después de cuatro días de reparaciones, el alivio duró menos que un merengue en la puerta de una escuela.
La Unión Eléctrica confirmó este lunes que la CTE Felton, en Holguín, salió nuevamente de servicio por un “mantenimiento impostergable”, una frase que para muchos cubanos ya se ha convertido en sinónimo de apagones eternos, improvisación y fracaso estatal.
Con ese panorama, el país enfrentará un déficit eléctrico cercano a los 1985 MW durante el horario pico nocturno. En otras palabras: otra noche más donde media Isla tendrá que cocinar tarde, dormir sudando y vivir pegada al horario de los apagones.
Durante las últimas 24 horas, el servicio eléctrico estuvo afectado todo el tiempo. Sí, las 24 horas completas. La demanda nacional nunca pudo ser cubierta y la máxima afectación llegó a 1887 MW sobre las 10 de la noche, una cifra todavía peor de lo que había pronosticado la propia UNE.
Las autoridades culparon esta vez a la salida inesperada de la unidad 4 de la termoeléctrica de Cienfuegos, aunque la realidad es que el sistema energético cubano lleva años funcionando prácticamente con respiración artificial.
Al amanecer de este lunes, Cuba ya arrancaba el día con más de 1300 MW de déficit. Para el horario del mediodía, la afectación prevista seguía disparada.
Y por si fuera poco, varias unidades termoeléctricas continúan averiadas o paralizadas. Entre ellas aparecen problemas en las unidades 2 y 3 de la CTE Ernesto Guevara, la unidad 2 de Felton y la unidad 5 de Renté, mientras otras plantas siguen detenidas por mantenimiento.
El resultado es el mismo de siempre: oscuridad, calor, desesperación y un pueblo agotado física y mentalmente.
La UNE también reconoció que más de 425 MW permanecen fuera de servicio debido a limitaciones con el combustible, otro problema que evidencia el deterioro económico del país y la incapacidad del régimen para sostener una infraestructura energética que literalmente se cae a pedazos.
Para el horario de máxima demanda, la disponibilidad real apenas ronda los 1245 MW frente a una demanda que supera los 3200 MW. Traducido al cubano de a pie: no hay corriente para nadie.
Las autoridades intentaron vender como avance la producción de los nuevos parques solares fotovoltaicos, asegurando que entregaron más de 500 MW durante el día. Pero el problema sigue siendo el mismo: cuando llega la noche, desaparece el aporte solar y el sistema vuelve a colapsar como castillo de naipes.
Mientras tanto, las redes sociales explotaron nuevamente con denuncias y quejas de ciudadanos cansados de vivir entre apagones interminables.
Usuarios de provincias como Matanzas, Holguín, Cienfuegos y Santa Clara reportaron cortes eléctricos de más de 24, 30 y hasta 40 horas seguidas.
Muchos también denunciaron la existencia de circuitos “privilegiados” que prácticamente nunca se apagan, mientras barrios enteros pasan noches completas en la oscuridad absoluta.
Entre los comentarios más repetidos aparece una pregunta que cada vez hace más ruido dentro de Cuba: ¿cómo es posible que después de tantos años de promesas, inversiones anunciadas y discursos oficiales, el sistema eléctrico esté peor que nunca?
Otros pusieron en duda el verdadero impacto de los parques solares y hasta cuestionaron los supuestos envíos de petróleo ruso anunciados por el régimen meses atrás.
Pero más allá de los partes técnicos y las cifras oficiales, la sensación que domina hoy en la Isla es otra: agotamiento.
Para millones de cubanos, los comunicados diarios de la UNE dejaron de ser información energética y se transformaron en la confirmación permanente del fracaso acumulado de un modelo incapaz de garantizar algo tan básico como la electricidad.

