Régimen cubano califica de «cómplices» a quienes «normalizan» pedir acciones militares de EEUU contra Cuba

El viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, volvió a encender la candela este lunes con un mensaje cargado de dramatismo y amenazas veladas, en medio de la creciente tensión entre La Habana y Washington. Desde sus redes sociales, el funcionario del régimen acusó de ser “cómplices” a quienes, según él, contribuyen a “normalizar” una posible acción militar de Estados Unidos contra Cuba.

En una publicación difundida en Facebook, Fernández de Cossío aseguró que existe un supuesto plan mediático cuidadosamente diseñado para preparar el terreno a una agresión militar contra la isla. Según el diplomático, quienes participan en esa narrativa serían responsables de un eventual “baño de sangre”, una frase que ha levantado fuertes reacciones por el tono extremo utilizado por uno de los rostros más visibles de la dictadura cubana.

Aunque el funcionario no mencionó nombres concretos, el mensaje parece ir dirigido contra medios independientes, opositores dentro y fuera de Cuba, figuras del exilio y voces críticas que han comentado sobre el deterioro político y militar del régimen. En otras palabras, el castrismo vuelve a recurrir a su viejo manual: convertir cualquier crítica o debate incómodo en una supuesta conspiración extranjera.

La declaración marca además uno de los momentos más agresivos en el discurso oficial cubano en los últimos años. Y no llega por gusto. El régimen atraviesa una de sus peores crisis económicas, sociales y energéticas mientras crece el descontento popular dentro de la isla. Cada apagón, cada protesta y cada fuga masiva de cubanos refleja un país que hace rato perdió la paciencia.

Todo esto ocurre mientras aumentan las tensiones entre Cuba y United States tras recientes declaraciones del presidente Donald Trump. El pasado 2 de mayo, Trump afirmó durante una cena privada en West Palm Beach que podría desplegar el portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln frente a las costas cubanas para forzar la rendición del gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Según relató el mandatario estadounidense, bastaría con posicionar el buque cerca de la isla para provocar una capitulación inmediata del gobierno cubano. La frase cayó como bomba en La Habana, donde el régimen reaccionó con su habitual mezcla de victimismo, propaganda y amenazas.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla calificó aquellas declaraciones como una amenaza militar directa, mientras Fernández de Cossío ya había advertido semanas antes que un eventual bloqueo naval sería considerado “un acto de guerra”.

Poco después, el propio viceministro rechazó una propuesta estadounidense de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria, describiéndola como un “negocio político sucio” que, según él, estaría vinculado a justificar una futura intervención militar. El discurso oficial intenta vender la narrativa de una Cuba sitiada, aunque puertas adentro el pueblo siga enfrentando hambre, apagones interminables y salarios que no alcanzan ni para sobrevivir.

La crisis escaló todavía más desde enero de 2026, cuando Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, declarando a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos. A partir de ahí comenzaron nuevas sanciones contra empresas y bancos extranjeros vinculados a sectores estratégicos controlados por el régimen.

Además, Washington ha interceptado varios tanqueros de petróleo destinados a la isla, algo que no ocurría desde tiempos de la Cuban Missile Crisis. El golpe ha empeorado el colapso energético cubano, dejando a millones de personas atrapadas entre apagones y escasez.

Mientras tanto, el aparato militar cubano también ha endurecido su propaganda. A finales de marzo, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias lanzó mensajes llamando a la “resistencia armada”, incluyendo materiales propagandísticos dirigidos incluso a menores de edad. En algunos de esos mensajes se advertía que cualquier enemigo podría terminar “volando con una mina” o caer en emboscadas.

Ahora, con la nueva acusación de “cómplices”, el régimen cubano parece apostar otra vez por el miedo, la confrontación y la retórica de plaza sitiada. Una estrategia vieja, gastada y cada vez más desconectada de la realidad que viven los cubanos de a pie, esos mismos que llevan años sobreviviendo entre miseria, censura y promesas incumplidas.