La crisis energética en La Habana volvió a sacar lo peor del desastre administrativo del régimen cubano. Este lunes, miles de habaneros pasaron más de 18 horas consecutivas sin electricidad, en medio de un calor insoportable y una indignación que sigue creciendo en las redes sociales.
El déficit energético alcanzó los 468 megawatts alrededor de las 9 de la noche, dejando a buena parte de la capital prácticamente paralizada. Pero lo que más ha encendido la furia del pueblo no son solo los apagones, sino la sensación cada vez más evidente de que en Cuba hay ciudadanos de primera y de segunda.
Mientras barrios enteros permanecían a oscuras, decenas de usuarios denunciaron que varias zonas de La Habana continúan sin sufrir cortes eléctricos, incluso cuando no cuentan con hospitales, centros estratégicos ni instalaciones esenciales que justifiquen ser consideradas “priorizadas”.
Y ahí mismo fue donde se prendió el fogón en redes. Muchos cubanos aseguran que menos del 50% de la capital está cargando sobre sus hombros el déficit eléctrico del resto de la ciudad, mientras ciertos circuitos parecen vivir en una realidad paralela donde nunca se va la corriente.
El pueblo ya ni les llama “priorizados”. Ahora les dicen directamente “los privilegiados”. Porque en una Cuba donde la gente cocina con carbón, duerme empapada en sudor y pierde comida por falta de refrigeración, resulta demasiado descarado ver zonas completas iluminadas las 24 horas sin explicación oficial convincente.
Como suele pasar en la isla, el secretismo del régimen alimenta todavía más las sospechas. En redes sociales y conversaciones de barrio corre con fuerza la versión de que existiría corrupción dentro de la Unión Eléctrica, donde algunos directivos supuestamente aceptarían pagos en dólares para incluir determinados circuitos dentro de las áreas “no apagables”.
También hay quienes aseguran que varios de esos sectores protegidos coinciden con residencias de personas vinculadas al poder, funcionarios del régimen y figuras conectadas con la cúpula política cubana. O sea, el cuento de siempre: el sacrificio es para el pueblo, mientras la élite sigue viviendo con privilegios y aire acondicionado.
La situación energética en Cuba lleva meses deteriorándose entre termoeléctricas rotas, falta de combustible y una infraestructura completamente destruida tras décadas de abandono. Pero lejos de ofrecer soluciones reales, el régimen continúa apostando por el silencio, la propaganda y los discursos vacíos.
Mientras tanto, la paciencia de los cubanos se sigue consumiendo igual que las velas durante cada apagón. Porque una cosa está clara: el problema ya no es solo la falta de corriente… el problema es la sensación de injusticia que se siente en cada barrio apagado del país.

