La desesperación sigue creciendo en La Habana mientras los apagones interminables convierten la vida cotidiana en una auténtica pesadilla. Decenas de padres cubanos han comenzado a exigir públicamente la suspensión del curso escolar ante una realidad que ya resulta insostenible: niños agotados, noches sin dormir, comida echada a perder y familias sobreviviendo entre calor, mosquitos y oscuridad.
En muchos barrios de la capital, los cortes eléctricos ya rozan las 20 horas diarias, una situación que refleja el profundo colapso del sistema energético cubano y la incapacidad absoluta del régimen para ofrecer soluciones reales. Lo que antes intentaban vender como “afectaciones temporales” hoy es una tragedia nacional que golpea directamente a los más vulnerables.
“Los niños no descansan, no pueden estudiar y muchas veces ni siquiera comen caliente”, denuncian padres molestos, cansados de escuchar promesas vacías mientras el país se hunde cada día más. Y es que la realidad en Cuba ya no se puede maquillar con discursos oficiales ni consignas recicladas. El desastre eléctrico se convirtió en otra muestra brutal del fracaso estructural del sistema.
Muchas familias cuentan que los pequeños llegan a la escuela prácticamente sin dormir. El calor sofocante dentro de las casas, sumado a los mosquitos, el estrés y la falta de ventilación, hace imposible descansar. A eso se añade otro drama silencioso: el agua caliente en los pomos que llevan los niños a clases porque ni siquiera hay corriente para enfriarla unas horas en el refrigerador.
Mientras tanto, cocinar se ha vuelto una odisea diaria. Hay madres que aseguran que pasan horas esperando el regreso de la electricidad solo para poder hacer aunque sea un poco de arroz. Otras pierden los pocos alimentos que logran conseguir después de largas colas y precios abusivos. La crisis energética en Cuba ya dejó de ser un problema técnico; ahora es una emergencia humana y social.
Lo más indignante para muchos cubanos es el contraste entre la realidad del pueblo y el discurso oficialista. Desde las altas esferas del régimen siguen hablando de “resistencia” y “esfuerzo colectivo”, mientras millones sobreviven atrapados en apagones medievales en pleno 2026. La gente está cansada de escuchar excusas sobre averías, combustible o sanciones, cuando el deterioro del sistema eléctrico viene arrastrándose desde hace décadas por culpa de la corrupción, la mala administración y el abandono total de la infraestructura nacional.
En las últimas semanas, las redes sociales se han llenado de denuncias, videos y testimonios de familias desesperadas. Hay barrios enteros donde los ancianos se desmayan por el calor, los niños lloran durante la madrugada y los padres ya no saben cómo explicarles que vivir así no es normal. La oscuridad se convirtió en símbolo del fracaso del castrismo, un modelo que prometió progreso y terminó dejando un país destruido, sin esperanza y literalmente apagado.
Cada nuevo apagón alimenta aún más la indignación popular. Porque mientras el régimen intenta aparentar control desde sus oficinas climatizadas, el cubano de a pie enfrenta noches eternas, hambre, ansiedad y agotamiento físico. Y ahora son los padres quienes empiezan a levantar la voz con más fuerza, dejando claro que la paciencia también tiene límite cuando el sufrimiento cae sobre los hijos.
En Cuba ya no se trata solo de falta de corriente. Se trata de un país entero colapsando frente a los ojos de su gente.

