La indignación en La Habana ya no es solamente por los apagones interminables. Ahora el enojo popular apunta directamente hacia lo que muchos cubanos llaman los “circuitos privilegiados”, zonas donde la corriente prácticamente nunca se va mientras el resto de la ciudad sobrevive entre calor, oscuridad y desesperación.
En redes sociales, especialmente en grupos vinculados a la Empresa Eléctrica de La Habana, cientos de usuarios comenzaron a denunciar lo que consideran una distribución profundamente injusta de los cortes eléctricos. Y el sentimiento general es claro: el pueblo está pagando con apagones el confort de barrios donde viven dirigentes, familiares del poder y personas conectadas con el régimen.
“Es increíble que muchos de esos circuitos priorizados no tengan ni hospitales ni abasto de agua”, escribió un usuario en uno de los grupos más activos sobre la crisis energética cubana, donde ya participan más de 100 mil personas descargando frustraciones, denuncias y experiencias diarias.
Otro comentario fue todavía más directo: “Ahí viven dirigentes o gente poderosa que paga para no quedarse sin corriente. Los demás, a fastidiarnos”. Una frase que resume perfectamente la sensación de desigualdad que crece en la capital.
Según la versión oficial, La Habana cuenta con 285 circuitos eléctricos y solo 112 sufren afectaciones programadas, divididas en seis bloques. El resto permanece encendido porque, supuestamente, garantizan estabilidad al Sistema Eléctrico Nacional o abastecen servicios esenciales como hospitales y fuentes de agua.
Pero en la calle casi nadie se cree ya ese cuento.
Muchos habaneros aseguran que en los últimos meses han aparecido “circuitos priorizados” por arte de magia. En algunos casos son apenas unas cuadras donde nunca falta la electricidad; en otros, barrios completos que permanecen iluminados las 24 horas mientras las zonas vecinas pasan hasta veinte horas diarias apagadas.
Las denuncias incluso apuntan hacia presuntos sobornos dentro de la propia Unión Eléctrica. Usuarios aseguran que ciertos negocios privados y personas con influencias estarían pagando para ser incluidos en esos circuitos especiales.
Un internauta denunció que eso ocurre constantemente en varias zonas de Playa, particularmente en áreas cercanas a la Avenida 19, desde 70 hasta 84. Según explicó, hay sectores donde antes quitaban la corriente normalmente, pero ahora permanecen siempre encendidos mientras los alrededores viven prácticamente a oscuras.
“Cuando la gente empieza a protestar mucho les quitan la corriente unos días para disimular, pero después vuelven a ponerlos en los priorizados”, comentó el usuario, señalando además que barrios cercanos, pertenecientes supuestamente al mismo circuito, apenas reciben unas pocas horas de electricidad al día.
La molestia crece también por el contraste visible entre unos y otros. Mientras miles de familias duermen empapadas en sudor y cocinan de madrugada cuando regresa la corriente, hay zonas donde los aires acondicionados, luces y electrodomésticos funcionan sin parar.
“Parece un estadio iluminado en plena Serie Nacional”, escribió otro habanero molesto. Y aunque el comentario venía cargado de humor negro bien cubano, el fondo del asunto es mucho más serio: la percepción de que en Cuba la igualdad dejó de existir hace rato.
Porque mientras el discurso oficial sigue hablando de sacrificio colectivo y resistencia, la realidad parece demostrar otra cosa. Hay cubanos condenados a sobrevivir entre apagones eternos… y otros protegidos por conexiones, privilegios o cercanía con el poder.
La crisis energética, lejos de unir al país, está dejando al descubierto una fractura social cada vez más evidente. Una Cuba donde el acceso a algo tan básico como la electricidad ya no depende solamente de la infraestructura colapsada del sistema, sino también de quién eres, dónde vives y a quién conoces.

