Díaz-Canel vuelve a plantarle cara Trump: «Cuba no amenaza, ni desafía, pero tampoco teme»

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió este martes a sacar pecho en redes sociales con un discurso cargado de confrontación política hacia Estados Unidos, insistiendo en que Cuba no representa una amenaza para Washington mientras intenta proyectar fortaleza en medio del deterioro económico y social que vive la Isla.

En una publicación compartida en Facebook bajo el título “Cuba no amenaza, Cuba es constantemente amenazada”, Díaz-Canel cerró con una frase que rápidamente empezó a circular entre medios oficialistas y cuentas afines al régimen: “Cuba no amenaza, ni desafía, pero tampoco teme”.

La declaración llega justo después de que el secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth reafirmara ante el Congreso que el Pentágono considera al régimen cubano una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Entre los argumentos mencionados estuvieron los vínculos de La Habana con Russia y China, además del uso de puertos cubanos por embarcaciones militares rusas.

En su mensaje, Díaz-Canel intentó vender la imagen de una Cuba pacífica y víctima de agresiones externas. Según él, en más de seis décadas de socialismo “jamás ha salido de este territorio una acción ofensiva contra la seguridad nacional estadounidense”. También aseguró que el régimen incluso ha colaborado con Washington en temas relacionados con delitos transnacionales.

Pero mientras el discurso oficial habla de paz y soberanía, muchos cubanos ven otra cosa: un gobierno atrincherado en la narrativa del enemigo externo para justificar el desastre interno que tiene al país apagado, vacío y cada vez más desesperado.

El mandatario acusó además a la administración de Donald Trump de actuar con “cinismo” al señalar a Cuba como amenaza. Según Díaz-Canel, todo forma parte de una estrategia para “asfixiar al pueblo cubano” y escalar el conflicto regional.

La tensión entre ambos países ha ido subiendo de tono en los últimos meses. El pasado 29 de enero, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380 declarando a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense. La medida vino acompañada de nuevas restricciones energéticas que golpearon aún más el ya frágil suministro de combustible en la Isla.

Después, el primero de mayo, Washington endureció todavía más las sanciones mediante otra orden ejecutiva enfocada en sectores estratégicos como energía, finanzas, minería y defensa. Ese mismo día, durante una cena privada en Florida, Trump lanzó otra frase que hizo explotar titulares: aseguró que Estados Unidos “tomará Cuba casi inmediatamente” una vez concluyan determinadas operaciones militares relacionadas con Irán.

Como si fuera poco, entre el 5 y el 11 de mayo el mandatario republicano volvió varias veces sobre el tema cubano, llegando incluso a mencionar el posible despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de aguas cubanas. Una retórica explosiva que revivió recuerdos incómodos de los peores años de la Guerra Fría.

Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio anunció sanciones contra GAESA, el gigantesco conglomerado militar que controla buena parte de la economía cubana. Rubio describió a la estructura como “el corazón del sistema comunista cleptócrata cubano”, una frase que cayó como misil político dentro de la narrativa oficialista.

En paralelo, Díaz-Canel ha intensificado sus mensajes de resistencia. En abril habló de “combatir y defenderse” ante una eventual agresión militar y comparó el momento actual con los días previos a Bahía de Cochinos. El tono no ha bajado desde entonces.

Sin embargo, pese a toda la retórica incendiaria, fuentes citadas recientemente por la Associated Press aseguran que Washington no contempla una acción militar inmediata contra Cuba. Incluso el propio Departamento de Estado habría intentado suavizar el lenguaje para evitar que la crisis diplomática siga escalando.

Pero en La Habana el libreto sigue siendo el mismo de siempre: más consignas, más enemigo externo y más discursos de plaza sitiada mientras el cubano de a pie sigue lidiando con apagones, inflación brutal y una crisis que ya no hay propaganda capaz de maquillar.