El estadio Estadio Calixto García Íñiguez encendió la polémica en redes sociales después de anunciar la venta de entradas VIP por 1,500 pesos cubanos para los juegos de la Serie Nacional de Béisbol, una cifra que para muchos cubanos suena más a lujo de otro planeta que a entretenimiento deportivo.
La noticia fue divulgada por Sports CHAGO y replicada posteriormente por DPorto Sports News. Según la información publicada, el estadio habilitará dos áreas VIP desde donde los aficionados podrán disfrutar de una vista privilegiada del terreno, además de contar con atención gastronómica personalizada.
Pero la cosa no termina ahí. El paquete también incluye acceso al equipo de béisbol antes y después del partido, entrada exclusiva por el área del museo y un recorrido guiado por las instalaciones deportivas del recinto.
Sobre el papel, la idea intenta vender una experiencia “más profesional”. El problema es que en la Cuba actual hablar de servicios VIP mientras la mayoría del país apenas sobrevive cayó como una patada en el pecho para muchísima gente.
Y es que el precio de una sola entrada equivale prácticamente a la mitad del salario mensual que cobran muchos peloteros cubanos. Actualmente, gran parte de los atletas de la Serie Nacional sobreviven con ingresos cercanos a los 3,500 pesos mensuales, en un país donde la inflación devora cualquier salario en cuestión de días.
La contradicción no pasó desapercibida. Sports CHAGO incluso comentó que un atleta que quisiera llevar a su esposa y un hijo al área VIP tendría que desembolsar unos 4,500 pesos, sin contar comida ni otros gastos. O sea, prácticamente el salario completo volando en una tarde de pelota.
Las reacciones explotaron enseguida en redes sociales. Algunos defendieron la iniciativa asegurando que este tipo de experiencias existen en cualquier liga profesional del mundo. Pero otros recordaron rápidamente un detalle incómodo: el béisbol cubano lleva años funcionando como una mezcla rara entre propaganda estatal, precariedad económica y falsas apariencias de profesionalismo.
“VIP para ver la Serie Nacional que parece un evento de manigua”, escribió un usuario, reflejando el sentir de muchos fanáticos desencantados con la calidad actual del campeonato.
Otros apuntaron directamente a la falta de transparencia sobre el dinero que se recauda. Porque mientras aparecen nuevas maneras de cobrarle más al público, siguen sin verse mejoras reales ni en los estadios ni en las condiciones de los atletas.
La gran pregunta que comenzó a repetirse fue sencilla: ¿a dónde va realmente ese dinero?
Sports CHAGO también puso el dedo en la llaga cuestionando cuánto de esos ingresos termina destinado al bienestar de los jugadores, al mantenimiento de los estadios o al desarrollo de las categorías inferiores. Una interrogante totalmente válida en un sistema donde las cuentas casi nunca son claras.
Y no es un tema menor. El régimen cubano ya había anunciado ingresos millonarios por patrocinios para la Serie Nacional, incluyendo contratos corporativos en dólares que supuestamente ayudarían al desarrollo del béisbol en la Isla. Sin embargo, la realidad visible sigue siendo otra: terrenos deteriorados, peloteros emigrando y salarios que no alcanzan ni para llenar un refrigerador.
En febrero de 2025 el gobierno anunció aumentos salariales para la Liga Élite, pero incluso con esos ajustes los ingresos de los jugadores siguen quedando pulverizados frente al costo de vida actual en Cuba.
Mientras tanto, la afición observa cómo el béisbol, considerado durante décadas una pasión nacional, también empieza a dividirse entre los que apenas pueden pagar una entrada normal y los pocos que podrían darse el lujo de sentarse en una sala VIP.
Y entre todas las reacciones, hubo una frase que terminó resumiendo perfectamente la realidad cubana detrás de esta polémica: “O ves la pelota o comes huevo varios días”.

