El régimen cubano anunció para este miércoles una comparecencia especial del ministro de Energía y Minas durante el programa oficialista Mesa Redonda, en medio del agravamiento de la crisis energética que tiene a millones de cubanos viviendo entre apagones interminables, calor insoportable y un creciente estallido social en las calles.
La transmisión llega justo cuando el país atraviesa uno de los peores escenarios eléctricos del año. Mientras desde el poder intentan repetir el discurso de siempre y maquillar el desastre, la realidad en la Isla es otra: cacerolazos, barricadas improvisadas y gritos de “abajo la dictadura” empiezan a escucharse cada vez con más frecuencia durante las largas noches sin corriente.
La estatal Unión Eléctrica reconoció en su parte diario que el sistema electroenergético nacional prácticamente está colapsado. Según sus propios números, las viejas termoeléctricas cubanas apenas logran generar unos 1.230 megawatts frente a una demanda que superará los 3.250 MW en horario pico.
Traducido al lenguaje de la calle: más de la mitad del país estará apagado al mismo tiempo.
La UNE prevé un déficit de generación de 2.050 MW durante la noche, una cifra brutal que confirma el deterioro acelerado del sistema apenas semanas después de que el combustible enviado desde Russia diera un respiro temporal.
Y ni siquiera esos números son seguros. Las autoridades incluyeron en sus cálculos la entrada de la Unidad 1 de Energas Varadero, que supuestamente aportaría 30 MW adicionales. Pero en Cuba ya nadie confía demasiado en los “pronósticos oficiales”, porque las averías aparecen una detrás de otra como fichas de dominó.
La situación empeoró todavía más tras la salida de la Unidad 1 de Felton, una de las principales termoeléctricas del país. A eso se suman problemas técnicos en otras plantas clave como Renté, Nuevitas y Ernesto Guevara de la Serna, todas golpeadas por años de abandono, remiendos y falta de inversiones reales.
La propia UNE admitió que durante pruebas recientes en Felton apareció un nuevo salidero en los tubos de la caldera, otro síntoma del nivel de deterioro extremo que arrastra la infraestructura energética cubana. Mientras tanto, técnicos trabajan contrarreloj intentando reparar componentes críticos, aunque sin garantizar que la planta pueda volver a operar en la fecha prevista.
El panorama deja al descubierto algo que los cubanos llevan años sufriendo en carne propia: el problema eléctrico en Cuba ya no es coyuntural, es estructural. Las termoeléctricas están destruidas, el combustible escasea y el régimen depende constantemente de aliados políticos para mantener el sistema funcionando a medias.
Pero mientras los dirigentes salen en televisión con promesas recicladas, el descontento popular sigue creciendo. En barrios de Havana como Marianao, Regla, Habana del Este y Diez de Octubre, vecinos han protagonizado protestas, cacerolazos y quema de basura en plena calle tras soportar apagones que superan las 30 horas consecutivas.
Cada día son más frecuentes las escenas de frustración colectiva en una Isla donde ya no solo falta electricidad. Falta comida, transporte, medicinas y hasta paciencia.
Y aunque el régimen intenta presentar cada comparecencia televisiva como una “explicación al pueblo”, muchísimos cubanos sienten que la Mesa Redonda se ha convertido en otra rutina de justificaciones vacías mientras el país entero se apaga poco a poco.

