«¡Ya son 24 horas sin corriente»! Reportan fuerte cacerolazo a plena luz del día desde Nuevo Vedado, a solo metros de la Plaza de la Revolución

La crisis energética en Cuba ya no distingue barrios, niveles sociales ni zonas históricamente consideradas “intocables” por el régimen. Este miércoles comenzaron a circular reportes desde Nuevo Vedado sobre fuertes cacerolazos ocurridos a plena luz del día después de que vecinos acumularan más de 24 horas consecutivas sin electricidad.

Y lo más llamativo del caso no fue solo la protesta. Fue el lugar donde ocurrió.

Estamos hablando de una zona ubicada a pocos metros de la emblemática Plaza de la Revolución, considerada durante décadas uno de los principales centros políticos y militares del régimen cubano.

Según los reportes difundidos en redes sociales, el ambiente de tensión creció rápidamente entre residentes cansados de soportar apagones interminables, calor sofocante y una vida cada vez más difícil. Testigos aseguraron que muchos de los vecinos del área pertenecen o han pertenecido a estructuras militares, algo que hace todavía más simbólico el estallido de inconformidad.

“Eso nunca había pasado aquí, o al menos no así, a plena luz del día”, comentaban usuarios sorprendidos por las escenas que empiezan a repetirse cada vez con más frecuencia en distintos puntos de Havana.

Y es que el cansancio ya se siente hasta en zonas donde históricamente predominó el silencio o el miedo.

Los apagones en Cuba han alcanzado niveles extremos durante las últimas semanas. Hay barrios enteros soportando cortes eléctricos de más de 20 horas diarias mientras el sistema electroenergético nacional se desploma por falta de combustible, averías constantes y décadas de abandono.

La situación ha provocado un aumento evidente de las protestas populares. En días recientes también se reportaron cacerolazos en San Miguel del Padrón, manifestaciones en Marianao, bloqueos de calles en Luyanó y consignas antigubernamentales en distintos municipios habaneros.

La imagen que más preocupa al régimen no es solamente la oscuridad. Es el hecho de que las protestas ya empiezan a acercarse peligrosamente a sus propios centros de poder.

Porque durante años la Plaza de la Revolución fue presentada como símbolo de control absoluto, de disciplina política y de lealtad ideológica. Hoy, a solo metros de ese mismo lugar, vecinos golpean calderos desesperados reclamando algo tan básico como corriente eléctrica.

Y detrás del ruido de las cacerolas hay mucho más que molestia por un apagón. Hay frustración acumulada, hambre, inflación, salarios destruidos y una sensación cada vez más extendida de abandono total.