El gobernante Miguel Díaz-Canel reapareció este miércoles en redes sociales intentando bajar la tensión social que se ha disparado en toda la Isla tras una nueva ola de apagones extremos, protestas y cacerolazos en varias provincias del país.
Con un mensaje cargado de consignas políticas y acusaciones contra Estados Unidos, Díaz-Canel trató de justificar el colapso energético asegurando que la crisis eléctrica tiene una “única causa”: lo que calificó como un “bloqueo energético genocida” impuesto por Washington.
Pero mientras el régimen vuelve a repetir el mismo libreto de hace décadas, la realidad en las calles cubanas es cada vez más explosiva. En barrios de Havana, Santiago, Holguín y otras provincias, los cacerolazos y protestas ya no ocurren solamente de noche. Ahora también revientan a plena luz del día.
Y no es para menos.
La propia Unión Eléctrica reconoció que para este miércoles el déficit energético superaría los 2 mil megawatts durante el horario pico, una cifra brutal que deja a millones de cubanos soportando apagones interminables en medio del calor, la escasez y el hambre.
En su publicación, Díaz-Canel insistió en que la crisis no es consecuencia de décadas de mala gestión, corrupción o abandono de la infraestructura nacional, sino resultado directo de las sanciones estadounidenses y de la presión sobre países que suministran combustible a Cuba.
Según el mandatario, la mejor prueba de ello fue la ligera mejoría ocurrida en abril tras la llegada de un barco de combustible, algo que permitió reducir temporalmente los apagones. Pero incluso ese argumento terminó dejando otra realidad incómoda al descubierto: un país entero dependiendo prácticamente de un solo barco para intentar mantener encendido el sistema eléctrico nacional.
Mientras tanto, el discurso oficial siguió apelando a la narrativa de “resistencia heroica” y “unidad revolucionaria”, asegurando que Cuba no es un Estado fallido pese al deterioro visible de los servicios básicos y el aumento de la tensión social.
Díaz-Canel también volvió a cargar contra sectores políticos de línea dura en Estados Unidos, acusándolos de impulsar medidas destinadas a provocar sufrimiento entre los cubanos para generar descontento interno contra el régimen.
Pero dentro de Cuba, muchísima gente ya no parece tragarse ese discurso.
Porque mientras desde el poder se habla de resistencia y soberanía, en la calle la realidad es otra: familias enteras pasando más de 20 horas sin corriente, comida echándose a perder, hospitales funcionando al límite y barrios completos explotando en protestas espontáneas.
En los últimos días se reportaron cacerolazos en San Miguel del Padrón, Nuevo Vedado, Marianao y otras zonas de La Habana. También circularon imágenes de barricadas, fogatas y consignas antigubernamentales, algo que refleja el creciente agotamiento popular frente al colapso nacional.
Y aunque el régimen intenta presentar cada intervención de Díaz-Canel como una demostración de control y firmeza, muchos cubanos sienten que el país atraviesa uno de los momentos más críticos desde el llamado Período Especial.
Porque al final, más allá de discursos, consignas y publicaciones en redes, la realidad cotidiana sigue siendo la misma para millones de personas: apagones interminables, inflación descontrolada y una vida cada vez más difícil de sostener.

