Díaz-Canel acepta ofrecimiento de ayuda humanitaria de 100 millones de dólares de los EE.UU. pero dice que está «fríamente calculado»

La dictadura cubana volvió a dar otro de esos giros políticos que dejan claro el nivel de desesperación que se vive puertas adentro del poder. Apenas días después de burlarse públicamente de la ayuda humanitaria ofrecida por Estados Unidos, Miguel Díaz-Canel salió este jueves en redes sociales aceptando la posibilidad de recibir los 100 millones de dólares propuestos por Washington, aunque, como ya es costumbre, aprovechó el momento para culpar al embargo estadounidense del desastre que atraviesa el país.

En su publicación en X, Díaz-Canel calificó la situación humanitaria en Cuba como algo “fríamente calculado e inducido”, insistiendo en el discurso oficial de que todas las desgracias de la Isla son consecuencia de las sanciones norteamericanas y no del fracaso de un sistema que lleva décadas hundiendo al país entre apagones, escasez y miseria.

El gobernante cubano aseguró que la ayuda podría aceptarse siempre y cuando se entregue bajo “normas universalmente reconocidas”, aunque al mismo tiempo tachó la propuesta estadounidense de “paradójica” e “inconsecuente”. En otras palabras, el régimen intenta recibir el salvavidas mientras sigue usando la retórica de confrontación para no admitir públicamente el tamaño del colapso.

Lo más llamativo del asunto es que apenas 48 horas antes, Bruno Rodríguez Parrilla había calificado la propuesta como una “fábula” y una “mentira de 100 millones de dólares”. Por su parte, el viceministro Carlos Fernández de Cossío llegó incluso a describirla como un “sucio negocio político”. Ahora, de repente, el discurso cambió. Ya la ayuda no parece tan mala cuando el país literalmente se está quedando a oscuras.

En medio del caos energético, Díaz-Canel reconoció que las prioridades inmediatas son “combustibles, alimentos y medicinas”, una confesión que prácticamente resume el estado terminal en el que el propio régimen ha dejado a Cuba tras años de improvisación, corrupción y una economía completamente destruida.

Mientras tanto, el ministro de Energía, Vicente de la O Levy, soltó una declaración demoledora al admitir que la Isla no tiene “absolutamente nada” de combustible disponible. Ni fuel, ni diésel. Apenas gas acompañante. Según explicó, entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 no llegó ni un solo barco de combustible al país.

El resultado ya lo está sufriendo el pueblo cubano. Este jueves el déficit eléctrico superó los 2,200 MW en horario pico, rompiendo otro récord histórico de apagones. Hay zonas de Cuba donde la gente pasa hasta 20 y 22 horas diarias sin corriente, incluyendo partes de La Habana que antes eran “intocables”. Para rematar, la termoeléctrica Central Termoeléctrica Antonio Guiteras volvió a averiarse por novena vez en lo que va de año, reflejando el nivel de deterioro total del sistema energético cubano.

La única bocanada de aire que recibió el régimen en meses fue una donación de petróleo enviada por Rusia a finales de marzo. Pero el crudo apenas alcanzó hasta mayo, dejando nuevamente al descubierto la dependencia extrema de La Habana hacia sus aliados internacionales.

Por otra parte, el Departamento de Estado estadounidense dejó claro que los fondos humanitarios serían distribuidos mediante la Iglesia Católica y organizaciones independientes, evitando que el dinero pase por manos del Estado cubano. Ahí está una de las claves del nerviosismo oficial.

Incluso Washington reveló que anteriormente había hecho ofertas privadas de ayuda, incluyendo acceso gratuito a Internet satelital mediante Starlink, pero todas fueron rechazadas por el régimen.

Ahora, viendo el país al borde del colapso total, el discurso cambia. Y aunque Díaz-Canel intenta presentarse como interlocutor válido mencionando la colaboración con la Iglesia Católica, la realidad es otra: Estados Unidos diseñó el esquema precisamente para evitar que el régimen controle la distribución de la ayuda.

El precedente ya existe. Tras el huracán Melissa, Washington canalizó millones de dólares mediante Cáritas para ayudar directamente a miles de familias cubanas sin intermediación gubernamental. Un modelo que deja en evidencia la profunda desconfianza internacional hacia las estructuras del poder cubano.

Desde el Air Force One, Marco Rubio fue directo al grano al afirmar que la situación de Cuba es “inaceptable” y que el régimen ha llevado a la Isla “a la ruina”. Y los números parecen darle la razón: la Comisión Económica para América Latina y el Caribe proyecta para 2026 una caída del PIB cubano del 6,5 %, la peor de toda América Latina.