Régimen explica por qué La Habana concentra las mayores zona «priorizadas» donde no ocurren apagones como en el resto del país

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, terminó admitiendo públicamente lo que millones de cubanos llevan meses sufriendo en carne propia: La Habana está prácticamente apagada.

Durante una conferencia sobre la crisis electroenergética nacional, el funcionario reconoció que la capital ya enfrenta cortes eléctricos que superan las 20 y hasta 22 horas diarias, en una confesión que refleja el nivel de colapso al que ha llegado el sistema energético cubano tras décadas de abandono, corrupción y mala gestión del régimen.

“Así está la capital”, dijo el ministro con crudeza, describiendo un escenario donde los habaneros apenas reciben una o dos horas de corriente antes de volver a hundirse en interminables apagones.

Según explicó, hay circuitos donde la electricidad regresa por apenas una hora y media, dos o tres horas en el mejor de los casos, para luego desaparecer nuevamente durante casi todo el día.

La justificación oficial volvió a girar alrededor de los famosos circuitos DAF, siglas de Disparo Automático por Frecuencia, un mecanismo utilizado para intentar evitar el colapso total del Sistema Eléctrico Nacional.

De la O Levy aseguró que esos circuitos no pueden apagarse porque son precisamente los encargados de estabilizar la frecuencia eléctrica cuando el sistema entra en crisis. Según explicó, si esos circuitos estuvieran fuera de servicio, Cuba correría el riesgo de sufrir apagones generales todavía peores.

Pero detrás de toda la explicación técnica, lo que millones de cubanos escucharon fue otra cosa: el régimen reconoce que ya no tiene capacidad real para sostener el país encendido.

El ministro intentó justificar además por qué La Habana recibe un tratamiento diferente respecto al resto de las provincias. Según dijo, la capital concentra los circuitos de mayor consumo eléctrico, lo que la convierte en una pieza clave para regular el sistema nacional.

En otras palabras, el gobierno prioriza determinados circuitos habaneros porque son los únicos capaces de aliviar parcialmente el colapso energético cuando el sistema comienza a desplomarse.

También señaló que La Habana posee la mayor cantidad de hospitales y circuitos protegidos del país, algo que —según sus palabras— dificulta todavía más la distribución de los apagones.

Mientras tanto, en las calles, la realidad es mucho más simple y brutal: familias enteras sobreviven entre calor insoportable, comida echándose a perder, mosquitos, falta de agua y noches eternas sin electricidad.

El propio ministro admitió además que la planificación de los apagones prácticamente cambia a cada rato porque el sistema vive reventando por todas partes.

Puso como ejemplo recientes problemas en la termoeléctrica de Santa Cruz, donde una avería en el suministro de agua provocó nuevas complicaciones. Según explicó, todos los días aparecen roturas imprevistas, fallas técnicas y problemas operacionales que terminan alterando cualquier pronóstico oficial.

Incluso mencionó afectaciones causadas por sargazos en instalaciones energéticas y averías constantes en las calderas de las termoeléctricas.

Traducido al idioma del cubano de a pie: el sistema eléctrico nacional está funcionando con parches, improvisación y al borde del colapso permanente.

Pero el golpe más fuerte vino cuando el propio funcionario reconoció la verdadera raíz del desastre: la falta total de combustible.

Según explicó, desde diciembre de 2025 Cuba pasó meses sin recibir un solo barco de combustible, situación que calificó como la principal causa de los apagones extremos que hoy castigan a toda la Isla.

El único alivio temporal llegó gracias a un donativo enviado por Rusia: unas 100 mil toneladas de petróleo procesadas en la refinería de Cienfuegos. Ese combustible permitió reducir parcialmente los apagones durante algunos días en La Habana, creando una falsa sensación de estabilidad.

Pero la alegría duró poco. A inicios de mayo las reservas volvieron a agotarse, justo cuando comienzan a subir las temperaturas del verano y aumenta el consumo eléctrico.

Resultado: el país volvió a entrar en caída libre.

El día previo a la conferencia del ministro, los apagones afectaron al 61 % de Cuba durante el horario pico, registrándose además un déficit récord superior a los 2,100 megawatts.

Y mientras el régimen sigue prometiendo “estrategias” y “recuperación”, los cubanos continúan pagando las consecuencias de un sistema destruido por décadas de incompetencia y control absoluto del Estado.

Lo más duro es que ni siquiera el propio gobierno parece tener ya una salida clara. De hecho, en diciembre de 2025, el mismo De la O Levy había advertido que 2026 sería un año extremadamente complicado y que los apagones no desaparecerían.

Hoy, apenas unos meses después, la realidad terminó siendo mucho peor de lo que incluso ellos mismos admitieron.