El régimen cubano acaba de sufrir algo que evita a toda costa desde hace décadas: que uno de los hombres más poderosos y secretos de su aparato represivo quede públicamente identificado ante el mundo. Y todo ocurrió después de la polémica reunión en La Habana entre el director de la CIA, John Ratcliffe, y la cúpula del MININT.
Las imágenes compartidas por la propia CIA terminaron revelando el rostro del hombre que, hasta ahora, operaba prácticamente en las sombras absolutas del castrismo. Se trata del General de Brigada Ramón Romero Curbelo, señalado como jefe de la Dirección de Inteligencia cubana, el núcleo más sensible del sistema de espionaje y vigilancia del régimen.
Mientras la agencia estadounidense difuminó cuidadosamente las caras de sus agentes, los altos mandos cubanos quedaron completamente visibles. Ahí fue donde investigadores y analistas comenzaron a atar cabos. El primero en identificarlo públicamente fue Miguel Cossío, director ejecutivo del Museo Americano de la Diáspora Cubana.
Y no estamos hablando de cualquier funcionario, socio.
Romero Curbelo es una de las piezas más delicadas del engranaje represivo del MININT. Bajo su control operan estructuras vinculadas al espionaje político, seguimiento a opositores, monitoreo de activistas, infiltración y vigilancia de periodistas independientes tanto dentro como fuera de Cuba.
Tras quedar expuesto en las fotografías de la reunión con la CIA, ya fue incorporado simbólicamente como el “10 de Picas” dentro del proyecto “The Cuban Deck”, iniciativa que identifica a figuras claves de la represión cubana.
En aquel encuentro en La Habana también participaron el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro y uno de los hombres con más poder dentro de la seguridad del régimen.
Lo más llamativo es que, durante años, la identidad del jefe de inteligencia cubano había permanecido prácticamente blindada al escrutinio público. Apenas existían menciones aisladas en medios estatales, y ninguna lo identificaba claramente como máximo jefe de espionaje del castrismo.
Ese hermetismo no es casualidad. El aparato de inteligencia cubano funciona bajo una cultura de secretismo extremo heredada desde los tiempos de la Guerra Fría. El régimen sabe perfectamente que el verdadero poder no siempre está en quienes salen dando discursos, sino en quienes controlan la información, la vigilancia y el miedo.
Incluso Fox News, al revelar detalles de la reunión con Ratcliffe, evitó mencionar directamente su nombre, aunque sí habló del “jefe de los servicios de inteligencia de la isla”. Sin embargo, las imágenes terminaron diciendo mucho más de lo que probablemente algunos esperaban.
La confirmación de su identidad también apareció en reportes de AFP y Europa Press, donde Romero Curbelo figura como interlocutor directo de la delegación estadounidense.
Según diversas fuentes, el general es oriundo de Cienfuegos y pasó años escalando dentro de la Seguridad del Estado en esa provincia antes de llegar a las máximas estructuras del espionaje cubano. Primero como coronel y luego ascendiendo dentro del aparato de inteligencia y contrainteligencia del MININT.
Su nombre ya había aparecido discretamente en reuniones internacionales del bloque aliado del castrismo. En febrero de 2024 fue visto en Managua durante encuentros encabezados por Nikolai Patrushev, figura clave del aparato de seguridad ruso. También apareció oficialmente identificado en Vietnam en agosto de 2025 como director de la Dirección de Inteligencia del MININT.
Bajo la estructura que hoy dirige Romero Curbelo se desarrollaron algunas de las operaciones de espionaje más agresivas contra Estados Unidos en las últimas décadas.
Ahí aparecen nombres pesados como Ana Belén Montes, exanalista del Pentágono condenada por espiar para La Habana; Walter Kendall Myers y su esposa Gwendolyn Myers, infiltrados durante años en estructuras diplomáticas estadounidenses; y Víctor Manuel Rocha, exembajador de Estados Unidos condenado recientemente por actuar durante más de cuatro décadas como agente clandestino del régimen cubano.
Todo eso demuestra hasta qué punto la inteligencia cubana logró penetrar instituciones norteamericanas durante décadas mientras el régimen vendía la imagen de una pequeña isla “asediada”.
El cargo que hoy ocupa Romero Curbelo estuvo anteriormente en manos del general Eduardo Delgado Rodríguez, fallecido en 2017 y considerado una de las últimas figuras relativamente conocidas del espionaje cubano. Después de él, el castrismo endureció aún más el secretismo alrededor de sus servicios de inteligencia.
Pero ahora, por primera vez en años, el rostro del hombre que dirige buena parte del aparato de vigilancia política del régimen quedó expuesto ante millones de personas.

