Una madre cubana ha tocado el corazón de miles de personas en redes sociales tras compartir un video que resume, en pocos minutos, la crudeza del día a día en Cuba. Entre lágrimas, la mujer muestra unas sencillas chancletas nuevas que logró comprarle a su hijo y pide, casi suplicando: “No critiquen, por favor”. Un gesto simple que se convierte en un retrato doloroso de la realidad que viven muchas familias en la Isla.
En la descripción del video, la joven se desahoga sin filtros. Confiesa estar emocionalmente agotada por la falta de empatía de muchos usuarios que se enfocan más en juzgar su apariencia que en comprender su situación. “Me derrumbo ante la falta de empatía de muchos… lo siento… sé que seguirán hablando de mis uñas, mi pelo y mis prendas, pero estoy tan cansada de explicar”, escribió, dejando claro que ya no le quedan fuerzas para justificarse.
Mientras muestra las chancletas, la madre explica que le costaron 4.000 pesos cubanos, una cifra que para muchos puede parecer pequeña, pero que en Cuba representa un sacrificio enorme. Su esposo, licenciado universitario, gana menos de 5.000 pesos al mes, lo que deja en evidencia el desbalance brutal entre salarios y precios. “Mi niño estuvo una semana pidiéndome unas chancletas más grandes porque las que tenía ya le quedaban chiquitas. Nos arrollamos para poder comprarlas”, relata con la voz quebrada.
La mujer también aprovechó el momento para responder a quienes la atacan por tener el cabello arreglado, las uñas hechas o usar algunas prendas. Explica, con calma pero con dolor, que hacerse las uñas en Cuba no es un lujo como muchos creen y que apenas se arregla la raíz del pelo. Las joyas que lleva, aclara, no son nuevas ni caras: fueron regalos de sus quince años. “Nunca las vendería, tienen un valor sentimental enorme para mí”, aseguró.
Entre lágrimas, lamentó que tantas personas prefieran criticar en lugar de intentar comprender la realidad de quienes sobreviven en medio de la escasez. “Si no te gusta ver una casa humilde, no veas mi contenido. Soy humilde, pero con mucha honra. No soy sucia, mantengo mi casa lo mejor que puedo”, dijo, dejando claro que la pobreza no define la dignidad.
La cubana también habló del desgaste emocional que provocan los ataques constantes en redes sociales. Reconoció que es una persona sensible, aunque muchos crean lo contrario. “A veces parezco fuerte de carácter, pero no lo soy. Dudé mucho en empezar a crear contenido por miedo a tener que defenderme de tanta gente que critica todo”, confesó, mostrando una vulnerabilidad que pocos se atreven a exponer públicamente.
Su testimonio ha generado una enorme repercusión. Cientos de usuarios han salido en su defensa, destacando su valentía, honestidad y la crudeza de su relato. Para muchos, este video no es solo una historia personal, sino el reflejo de una Cuba donde incluso comprar unas simples chancletas puede convertirse en una batalla diaria.










