Menos ministerios, mismo desastre: el ‘cambio’ de Díaz-Canel que nadie se cree

El viernes, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel salió en una entrevista con RT a vender lo que pinta como una gran transformación del Estado. Según él, antes de mediados de 2026 veremos un rediseño completo del aparato estatal con la supuesta meta de “reducir la burocracia”. Suena bonito, pero en Cuba ya sabemos cómo va esa película.

La propuesta incluye recortar ministerios, eliminar estructuras intermedias y achicar empresas estatales. En teoría, todo para hacer el sistema más “ágil”. En la práctica, muchos lo ven como otro intento de reorganizar el mismo desastre sin tocar el verdadero problema: un modelo agotado que no funciona ni con diez ministerios ni con cien.

El anuncio llegó durante el show político del V Coloquio Patria en La Habana, un evento donde el discurso oficial se repite como disco rayado. Allí, Díaz-Canel soltó que no basta con cambiar estructuras, que también hay que combatir la mentalidad burocrática. Y ahí es donde la cosa se pone interesante… porque la burocracia en Cuba no es un error, es parte del sistema.

El propio gobernante explicó que buscan crear estructuras “más planas” y dinámicas, integrando funciones entre organismos. Traducido al cubano de a pie: menos oficinas, pero el mismo control desde arriba. Porque al final, el objetivo no es liberar al país, sino reorganizar el poder sin soltarlo.

Según dijo, el plan todavía está en fase de “concepción” y lo están revisando expertos. O sea, lo de siempre: reuniones, papeles, comisiones… mientras en la calle la gente sigue lidiando con apagones, escasez y un éxodo que no para.

El discurso oficial insiste en que esto traerá eficiencia y hasta menciona más autonomía municipal. Pero cuesta creerse ese cuento cuando durante décadas todo ha estado hipercentralizado. Hablar de autonomía dentro de un sistema que controla hasta el aire que respiras suena más a chiste que a reforma real.

Y mientras en los salones climatizados se habla de “dinamizar” el país, afuera la realidad sigue golpeando duro. Porque aquí el problema no es cuántos ministerios hay, sino quién toma las decisiones y para qué.