Régimen repite la agotada excusa de culpar a Estados Unidos ahora por impedir reparar las termoeléctricas en Cuba

En plena crisis energética y con el país sumido en apagones interminables, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, salió en la Mesa Redonda a repetir el guion de siempre: Estados Unidos como culpable de todos los males eléctricos en Cuba.

Según el funcionario, una de las reparaciones clave en la termoeléctrica de Cienfuegos se vio afectada porque desde territorio estadounidense les negaron acceso a un software necesario para poner en marcha una unidad. La solución, como ya es costumbre, fue “resolver a lo cubano”, es decir, improvisar con lo que aparezca.

Pero más allá del discurso oficial, lo que queda al descubierto es otra cosa: un sistema energético frágil, dependiente y tecnológicamente atrasado, incapaz de sostenerse sin ayuda externa. Y eso no lo provocó ninguna sanción reciente, sino años de mala gestión y abandono.

El propio ministro reconoció que para salir del paso tuvieron que involucrar a varias entidades estatales, desde la industria militar hasta grupos electrónicos. Todo en un intento desesperado por armar una solución “nacional” que, según sus palabras, tomó tiempo por la complejidad de las tecnologías. Traducido al lenguaje de la calle: mucho invento, poca eficiencia.

La cosa no termina ahí. También mencionó problemas en la termoeléctrica Antonio Guiteras, una pieza clave del sistema eléctrico cubano. Según explicó, la compra en Estados Unidos de empresas relacionadas con su construcción ha generado nuevos obstáculos. Otra vez, el mismo libreto.

Y como si fuera poco, habló de técnicos extranjeros que abandonaron trabajos en plantas como Felton tras supuestas presiones. Gente que, según contó, recogió sus herramientas y se fue de un día para otro. Una escena que refleja más inestabilidad que conspiración.

Mientras tanto, el cubano de a pie sigue pagando el precio. Apagones diarios, calor insoportable y una economía que no levanta cabeza. El gobierno insiste en factores externos, pero en la calle la percepción es otra: el problema no es solo lo de afuera, sino lo que nunca se resolvió dentro.