En medio de la creciente tensión política y social en Cuba, Mariela Castro volvió a salir al ruedo con un discurso cargado de ataques y acusaciones, alineado completamente con la narrativa del régimen. Durante un encuentro con activistas internacionales, insistió en que existe una estrategia desde Estados Unidos para desestabilizar la isla, incluyendo la supuesta creación de una “oposición ficticia” dentro del país.
El tono no fue suave. Más allá de las críticas políticas, lanzó calificativos personales fuertes contra la administración estadounidense, elevando el nivel de confrontación con declaraciones que, lejos de aportar soluciones, refuerzan el ambiente de polarización. Un estilo que ya es marca del discurso oficial cuando la presión interna aprieta.
Según su versión, grupos de activistas —incluyendo sectores vinculados a causas sociales— estarían siendo financiados y utilizados para proyectar una imagen de descontento que luego amplifican medios internacionales. En otras palabras, todo el que critique dentro de Cuba sería parte de un plan externo, una idea que el régimen repite cada vez que crece el malestar popular.
También retomó el argumento de las llamadas “revoluciones de colores”, asegurando que desde hace tiempo se intenta aplicar ese modelo en la isla. Sin embargo, este discurso ignora algo que está a la vista de todos: la crisis económica, los apagones y la falta de libertades que vive el país no vienen de afuera, sino de años de mala gestión interna.
Las declaraciones llegan en un momento delicado, donde el descontento social se siente con más fuerza, tanto en la calle como en redes sociales. Mientras tanto, el aparato político impulsa campañas como “Mi Firma por la Patria”, que se presentan como actos voluntarios, pero que ya enfrentan denuncias de presión en centros laborales.
En este contexto, las palabras de Mariela Castro no parecen buscar soluciones, sino reforzar un relato que intenta justificar lo injustificable. Culpar al enemigo externo sigue siendo la salida fácil cuando no hay respuestas reales para el pueblo.

