“No negociamos la liberación de presos”: el régimen rechaza ultimátum de los Estados Unidos en medio de las negociaciones

El régimen cubano salió este jueves con su clásico discurso de resistencia para rechazar cualquier presión de Estados Unidos relacionada con la liberación de presos políticos, justo cuando las negociaciones bilaterales vuelven a calentarse después de años en frío.

Desde la ONU, el embajador Ernesto Soberón Guzmán soltó la línea oficial sin titubeos: los presos políticos no se negocian porque son “asuntos internos”. En otras palabras, La Habana insiste en blindar su sistema represivo bajo el argumento de soberanía, como si eso borrara la realidad que viven miles de cubanos.

Pero desde Washington no se andan con rodeos. El Departamento de Estado dejó claro que siguen firmes en su postura: la liberación de presos políticos es clave y el régimen tiene “una pequeña ventana” para moverse. Traducido al cubano de a pie: se acabó el relajo.

Estas conversaciones, que arrancaron el 10 de abril en secreto en La Habana, marcan el primer contacto serio de alto nivel en más de una década. Sin embargo, el ambiente está lejos de ser “constructivo” como vende el oficialismo. Mientras Díaz-Canel habla de diálogo “respetuoso”, la presión internacional va en aumento.

Detrás de todo esto hay un factor que pesa más que cualquier discurso: la crisis energética brutal que tiene al país de rodillas. Cuba necesita más de 90 mil barriles diarios de petróleo, pero apenas produce menos de la mitad. El resultado ya tú lo sabes: apagones interminables, hambre y desesperación.

La reciente llegada de un buque ruso con combustible apenas alivió el problema. Fue un parche, no una solución. Y mientras tanto, la gente sigue sobreviviendo entre cortes eléctricos de más de 40 horas en algunas zonas. Una locura.

El régimen también intenta colar el tema de compensaciones por propiedades confiscadas, pero lo condiciona a que se levante el embargo. Como quien dice: “si tú das, yo doy”, aunque la realidad es que el pueblo sigue siendo el que paga el costo de ese juego político.

Mientras tanto, La Habana observa el panorama internacional con cautela, tratando de proyectar firmeza. Pero la verdad es otra: la presión externa y el colapso interno están empujando al régimen contra la pared.