“Estamos listos para responder”: el régimen cubano sube el tono frente a EE.UU.

En medio de un escenario cada vez más tenso, el embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, lanzó un mensaje que suena más a advertencia que a diplomacia: Cuba respondería militarmente ante cualquier acción de Estados Unidos.

Las declaraciones, ofrecidas a Associated Press, llegan justo cuando ambos países retoman conversaciones directas tras años de distancia. Pero lejos de suavizar el ambiente, el discurso del régimen vuelve a moverse entre la confrontación y la contradicción.

Soberón aseguró que La Habana está observando el panorama global y que no se hace ilusiones. En su versión, el país está preparado para cualquier escenario, incluyendo uno militar. Una postura que, en medio de la crisis interna que vive Cuba, genera más preguntas que certezas.

Todo esto ocurre tras el inicio de negociaciones el pasado 10 de abril, cuando una delegación estadounidense llegó en secreto a la isla. Un hecho inusual que marcó el primer contacto de alto nivel en una década, pero que no ha estado exento de tensiones desde el primer momento.

Según medios internacionales, Washington habría puesto sobre la mesa una condición clara: la liberación de presos políticos como señal de buena fe. Entre los nombres mencionados están Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, encarcelados tras las protestas del 11J.

La respuesta del régimen fue inmediata: no hay negociación sobre ese tema.

Soberón lo dejó claro con una frase que resume la postura oficial: cada país maneja sus asuntos internos a su manera. Pero en la práctica, esto se traduce en cerrar la puerta a cualquier discusión sobre derechos humanos, uno de los puntos más criticados internacionalmente.

Mientras tanto, desde Washington el mensaje tampoco ha sido suave. La advertencia es directa: hay una ventana pequeña para llegar a un acuerdo.

Y ahí está el punto clave.

Por un lado, el régimen habla de diálogo. Por el otro, lanza amenazas y se niega a tocar los temas más sensibles. Una estrategia que ya es conocida, pero que en el contexto actual suena cada vez más desconectada de la realidad.

Porque mientras se juega este pulso político, la isla sigue hundida en apagones, escasez y desesperación.