En medio de una Cuba golpeada por apagones, escasez y desesperación, el régimen vuelve a sacar su carta favorita: el discurso de guerra. Esta vez fue Gerardo Hernández, coordinador nacional de los CDR, quien lanzó la advertencia de que Estados Unidos podría ocupar la isla… pero enfrentaría una supuesta resistencia de “todo el pueblo”.
Sus palabras, soltadas en un video que circula en redes, reconocen algo evidente: Cuba no tiene cómo competir militarmente con Estados Unidos. Pero acto seguido, el discurso gira hacia la vieja narrativa de la “guerra de todo el pueblo”, esa misma idea que el poder ha repetido durante décadas para mantener viva una sensación constante de amenaza.
En buen cubano: primero admiten la realidad… y después te venden la épica.
Hernández intentó comparar el momento actual con los días previos a Playa Girón, señalando a sectores en Miami como provocadores de un conflicto. Una estrategia clásica del régimen: buscar enemigos externos para justificar tensiones internas.
Y todo esto no llega en el aire. Viene acompañado de declaraciones recientes de Donald Trump, quien ha endurecido su discurso sobre Cuba, incluso calificándola como una nación fallida y dejando caer frases como “Cuba es la siguiente”. A eso se suman nuevas medidas económicas que han apretado aún más la crisis energética en la isla.
Pero mientras arriba hablan de guerra, abajo la gente está en otra cosa: sobrevivir.
Porque la realidad es que Cuba hoy no está al borde de un conflicto militar… está al borde del colapso interno. Apagones interminables, hospitales sin recursos, comida escasa y una economía en caída libre.
Y justo en ese contexto aparece la campaña “Mi firma por la patria”, impulsada también por el propio Hernández. Una iniciativa que el régimen intenta vender como unidad nacional, pero que muchos denuncian como presión directa sobre la población.
En lugares como Cárdenas, vecinos han dicho que no. Se han negado a firmar pese a amenazas. Una señal clara de que el discurso oficial ya no cala como antes.
Analistas independientes lo tienen claro: todo esto funciona como una cortina de humo. Mientras se habla de guerra y resistencia, se intenta desviar la atención de una crisis que ya no se puede esconder.

