En medio de la crisis que golpea a Cuba, otra historia sacude La Habana, y esta duele más de lo normal. Dayan Sotolongo, un joven de Centro Habana, denunció este domingo el robo de su moto adaptada, el único medio que tenía para moverse y llevar una vida mínimamente independiente.
A través de redes sociales, con la voz entrecortada y visiblemente afectado, explicó que no se trata de cualquier vehículo. Es un scooter eléctrico de cuatro ruedas diseñado para personas con discapacidad física, algo que en Cuba no se consigue ni fácil ni barato.
“Esa no es una moto cualquiera”, vino a decir, dejando claro que es una herramienta esencial para su día a día. Y no es cuento: en un país donde el transporte público está prácticamente en coma, quedarse sin eso es como quedarte atrapado en tu propia casa.
El golpe es aún más duro porque ese vehículo no cayó del cielo. Fue enviado por un amigo desde el exterior, con tremendo sacrificio. Un gesto de ayuda real que ahora terminó en manos de un ladrón.
Dayan lo dejó claro sin rodeos: “Eso es lo único que tengo para moverme”. Y ahí está la clave de todo. No es lujo, no es comodidad… es necesidad pura.
En su llamado, compartió fotos del scooter, un modelo negro mate con doble faro delantero, y hasta dejó su número de contacto para quien tenga cualquier pista. Porque en Cuba, cuando te roban, muchas veces la única opción es volverte viral y rezar que alguien vea algo.
Este caso no es aislado. Los robos de motos eléctricas se han disparado en La Habana. La razón es sencilla: crisis energética, transporte colapsado y un mercado negro que paga bien por estos equipos. Resultado: el que tiene una moto, vive con el Jesús en la boca.

