Gerardo Hernández dice que quienes piden una intervención de EEUU en Cuba quieren que caigan bombas sobre los barrios

El régimen volvió a sacar su carta más vieja: el miedo. Esta vez, en un acto político en La Güinera, el coordinador nacional de los CDR, Gerardo Hernández, tiró de dramatismo para atacar a cubanos del exilio y desviar la atención de lo que realmente está pasando en la isla.

El evento, con nombre rimbombante y todo —“barrio debate por el deber patrio”— incluyó hasta un tribunal simbólico donde, como era de esperar, Estados Unidos terminó siendo el culpable de todo: desde el embargo hasta la falta de medicinas. Un guion reciclado que ya no sorprende a nadie.

En medio del discurso, Hernández soltó una pregunta cargada de emoción: cómo alguien puede llamarse cubano y apoyar una intervención militar. Un intento claro de manipular sentimientos y sembrar miedo, más que de generar un debate real.

Al mismo tiempo, trató de marcar distancia entre los cubanos en el exterior, reconociendo que muchos no apoyan una acción militar. Pero el mensaje de fondo fue otro: dividir, señalar y mantener viva la narrativa del enemigo externo.

El acto forma parte de la campaña #MiFirmaPorLaPatria, impulsada por el Partido Comunista, que busca recoger firmas como muestra de “apoyo popular”. Pero en la calle, la respuesta ha sido bien distinta. Muchos cubanos simplemente no se están prestando para el teatro.

Casos como el de vecinos en Matanzas, que se negaron a firmar pese a presiones, dejan claro que el discurso oficial ya no cala como antes. La gente está cansada, y con razón.

Porque mientras se organizan estos actos y se habla de guerra, la realidad es otra bien dura. Apagones interminables, comida escasa y hospitales sin recursos. Esa es la Cuba de hoy, la que no sale en la televisión oficial.

Incluso dentro del propio discurso oficial hay contradicciones. Se habla de resistencia, pero al mismo tiempo se reconoce que no existe capacidad real para enfrentar una potencia militar. Entonces, ¿para quién es todo este show?

Analistas lo tienen claro: esto no es más que otra cortina de humo. Un intento desesperado por distraer a la población de una crisis económica que sigue empeorando y de un sistema que ya no da respuestas.