La bola de candela: el misterio que ha asustado a Cuba por siglos

Cuba no solo vive de historia y política… también de misterio. Y si hay algo que nunca falla en el campo cubano son los famosos “cuentos de guajiros”, esos relatos que se cuelan entre un dominó, un trago de ron y un guateque bien encendido.

En medio de ese ambiente criollo, donde suena el tres y el laúd, siempre aparece alguien que baja la voz y suelta la historia que pone la piel de gallina. Y si estás en Villa Clara, hay dos nombres que salen sí o sí: la bola de candela y el perro sin cabeza. Dos figuras que, según dicen, no dejan dormir tranquilo a nadie.

Lo curioso es que este cuento no es nuevo. Desde tiempos de los aborígenes ya se hablaba de esa esfera de fuego que aparecía de la nada. Luego, los colonos, los mambises y hasta pescadores de la costa juraron haberla visto. Una presencia que parece no tener descanso ni respeto por nadie.

La describen como una bola ardiente, cambiante, que puede aparecer en cualquier sitio: caminos oscuros, cementerios, manglares o campos abandonados. Donde menos te lo esperes… ahí está.

Algunos intentaron explicarla con ciencia, diciendo que podría ser un fenómeno eléctrico. Pero el guajiro no se deja meter cuento fácil. Y la pregunta siempre sale con picardía: “¿Y desde cuándo un rayo anda con un perro sin cabeza atrás?”.

Porque sí, la historia no viene sola. Muchas veces la bola aparece acompañada por ese perro extraño o incluso se transforma en algo peor: un muerto envuelto en sudario, con un tabaco encendido, persiguiendo al que se cruce en su camino. Ahí mismo se acaba el valor.

Las versiones cambian según quien la cuente. Hay quien asegura que la vio brincar de árbol en árbol, arrastrando cadenas. Otros dicen que jugaba con un maquinista, apareciendo en los rieles justo antes de que el tren pasara, solo para desaparecer en el último segundo. Un susto que no se olvida jamás.

La leyenda creció tanto que salió del campo y se metió en la literatura, donde escritores cubanos la llevaron a otro nivel, mezclándola con vampiros, espectros y criaturas aún más raras.

Sea verdad o puro invento, lo cierto es que esta historia sigue viva. Porque en Cuba, el misterio no se explica… se cuenta, se disfruta y se respeta.

Y si alguna noche te toca caminar por un lugar oscuro en Villa Clara… mejor mira bien al frente. No vaya a ser que te encuentres con algo que no tiene explicación.