En Cuba pasan cosas que parecen chiste, pero no lo son. La termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, fue reconocida otra vez como “Vanguardia Nacional”, un título que otorga la oficialista Central de Trabajadores de Cuba. Todo esto, en un año donde la planta ha sido protagonista… pero de apagones, fallas y colapsos.
El anuncio lo hizo un periodista estatal en redes sociales, celebrando que los trabajadores recibirían la distinción por quinta ocasión. Incluso habló de futuros mantenimientos “esperados”, como si eso fuera novedad. Mientras tanto, la realidad en la calle dice otra cosa: la Guiteras se ha caído del sistema eléctrico varias veces en lo que va de 2026.
El caso más crítico fue en marzo, cuando una falla en la caldera provocó un apagón masivo que dejó a más de la mitad del país sin luz durante casi 30 horas. Sí, como lo oyes. Y aun así, premio para la planta.
Después vinieron más golpes. Otra avería a inicios de abril, otra salida del sistema días más tarde… y así en cadena. Cada vez que la Guiteras falla, medio país lo sufre directo, porque es uno de los pilares del sistema energético cubano.
Y aquí viene el detalle que no quieren decir mucho: esta planta lleva más de tres décadas funcionando sin un mantenimiento capital serio. Está desgastada, exprimiendo lo último que le queda, y aun así la venden como ejemplo.
El discurso oficial intenta maquillar la situación con frases de “esfuerzo” y “resistencia”. Incluso celebran cuando la planta logra generar algo de energía, como si fuera una hazaña. Pero el cubano de a pie sabe la verdad: esto no es heroísmo, es supervivencia forzada.
Lo más indignante es que este tipo de reconocimientos no son nuevos. Hace poco, el propio director de la termoeléctrica fue ascendido después de un colapso eléctrico nacional. Así, sin pena. Como si el desastre fuera mérito.
Mientras tanto, la crisis energética sigue empeorando. El déficit de generación ha alcanzado niveles históricos, y el propio régimen ha admitido que no tiene combustible suficiente. La isla necesita varios barcos de petróleo al mes, pero apenas llega uno de vez en cuando.
Y entonces te sueltan el eslogan: “dar más, exigirse más y no rendirse”. Pero la gente ya no está para consignas. Con apagones de hasta 20 horas diarias, lo que hay es cansancio, frustración y una pregunta que cada vez pesa más: ¿hasta cuándo?

