Piratas informáticos vinculados a China lograron infiltrarse en los sistemas de la Embajada de Cuba en Washington

En otro capítulo que deja mal parado al régimen cubano, piratas informáticos vinculados a China lograron infiltrarse en los sistemas de la embajada de Cuba en Washington D.C., accediendo a los correos electrónicos de 68 funcionarios diplomáticos, incluyendo figuras clave como el embajador y su segundo al mando.

El ataque, según un informe revelado por expertos en ciberseguridad, arrancó en enero de 2026, justo cuando la isla atravesaba uno de sus peores momentos recientes. Con el bloqueo a los envíos de petróleo impulsado desde Estados Unidos, la crisis energética explotó y dejó al país sumido en apagones de hasta 30 horas, una realidad que el cubano de a pie conoce demasiado bien.

Lo más preocupante no es solo el hackeo, sino lo fácil que fue. Los atacantes aprovecharon fallas viejas en los servidores de Microsoft Exchange, vulnerabilidades que llevaban años sin corregirse. En otras palabras, el sistema estaba prácticamente abierto. Resultado: acceso directo a bandejas completas de funcionarios políticos e incluso de inteligencia.

Especialistas advierten que este tipo de operaciones no ocurre por casualidad. Está directamente ligado al contexto internacional. Y en este caso, el momento no podía ser más delicado. Desde febrero de 2026, Cuba y Estados Unidos mantenían conversaciones de alto nivel, incluyendo la liberación de miles de presos políticos como parte de negociaciones que ahora podrían haber quedado parcialmente expuestas.

Aquí es donde la historia se pone más interesante —y más incómoda para La Habana. Porque aunque China ha sido un aliado estratégico del régimen, este ataque deja claro que en geopolítica no hay amistades, solo intereses. Beijing habría obtenido acceso privilegiado a información sensible sobre las relaciones entre Cuba y EE.UU., una ventaja que vale oro en ese tablero.

Y no fue un caso aislado. El mismo grupo también lanzó ataques contra Venezuela y logró comprometer miles de servidores en todo el mundo en cuestión de días. Una operación amplia, organizada y con objetivos claros.

Este episodio vuelve a poner sobre la mesa algo que el régimen intenta ocultar: la fragilidad de sus sistemas y su dependencia de actores externos. Mientras por años se ha hablado de presencia china en Cuba para espiar a Estados Unidos, ahora queda en evidencia que esos mismos aliados también vigilan hacia adentro.

Ni la embajada cubana ni las autoridades chinas han dado explicaciones. Silencio otra vez. Pero el daño ya está hecho.