La situación energética en Cuba ya no es crítica… es insostenible. Este jueves, el Sistema Eléctrico Nacional volvió a demostrar que está al límite, con apagones que se extendieron durante las 24 horas del día anterior y sin señales de mejora inmediata.
La cifra lo dice todo: más de 1,500 MW de afectación en horario pico, superando incluso lo que el propio régimen había previsto. Y como si fuera poco, la salida inesperada de una unidad en Santa Cruz terminó de hundir el sistema.
Desde temprano, el panorama ya pintaba feo. Con una disponibilidad muy por debajo de la demanda, casi mil megavatios estaban fuera del sistema desde la mañana, dejando claro que el problema no es momentáneo… es estructural.
Y cuando llega la noche, la cosa se pone peor. La demanda sube, pero la generación no da la talla. El resultado: un déficit brutal que deja a medio país a oscuras, otra vez.
Las causas son conocidas, pero nadie las resuelve. Varias termoeléctricas están fuera de servicio por averías, otras en mantenimiento, y una parte importante de la generación simplemente no existe por falta de combustible. Un sistema viejo, mal mantenido y sin inversión real.
La energía solar aporta algo durante el día, pero cuando cae el sol, vuelve el mismo problema de siempre. No hay respaldo suficiente, y el país entra otra vez en modo apagón.
Abril ha sido demoledor. Días enteros sin corriente, provincias con cortes de hasta 24 horas, y casos extremos de circuitos que han pasado dos días completos sin luz. Una realidad que ya no sorprende, pero sigue golpeando duro.
La raíz está en la escasez de combustible. Cuba necesita más del doble de lo que produce, y durante meses no recibió suministros externos. El propio gobierno lo admitió: estuvieron operando prácticamente con lo poco que tenían guardado.
El alivio que llegó con petróleo ruso fue apenas un parche. Y ahora, ni eso está garantizado. Un segundo cargamento que debía entrar a la isla cambió su rumbo, dejando en el aire una pregunta incómoda: ¿y ahora qué?
Mientras tanto, en lugares como Holguín, hay familias que llevan semanas sin electricidad. Subestaciones vandalizadas, falta de recursos y abandono total reflejan el estado real de la infraestructura.
Después de décadas de promesas y control absoluto, el resultado es claro: un país entero viviendo en la oscuridad. Y lo peor no es lo que ya pasó… es que no se ve la luz al final del túnel.

