Lo que está viviendo la familia del exministro cubano Alejandro Gil Fernández parece sacado de una historia que mezcla poder, caída y un sistema que no perdona… ni a los suyos. Según denunció su hermana, María Victoria Gil, llegaron a recibir una advertencia que hiela la sangre: si la justicia confirmaba el decomiso total de sus bienes, terminarían viviendo en un contenedor plástico.
La revelación salió durante una entrevista reciente, justo cuando las autoridades ejecutaban el desalojo de la vivienda familiar en Miramar. Allí vivían la esposa, la hija, el yerno y hasta una niña pequeña. Todos fuera, sin contemplaciones, como parte de las sanciones que acompañan la condena del exfuncionario.
María Victoria asegura que esa amenaza no fue un comentario al aire, sino un mensaje claro que les hicieron llegar tiempo atrás. Una especie de advertencia que hoy, viendo lo ocurrido, ya no suena tan descabellada.
Desde su postura como abogada, también dejó algo bien claro: su denuncia no es contra quienes viven en condiciones difíciles, sino contra lo que considera un proceso injusto y lleno de irregularidades. Defiende que la vivienda tenía base legal, incluso apelando a figuras como la usucapión, que reconoce derechos tras años de uso.
Pero el tema no se queda solo en su familia. Lanzó además una alerta que puede poner nervioso a más de uno: cuidado con comprar propiedades confiscadas en Cuba. Según cuenta, cada vez que ve una de estas casas en venta, intenta advertir a posibles compradores. Para ella, el proceso detrás de esas ventas no es limpio.
Mientras tanto, Alejandro Gil sigue en prisión, condenado a cadena perpetua desde diciembre de 2025. A pesar de todo, según su hermana, mantiene la calma y trata de transmitirla a los suyos. Confía en que algún día se haga justicia, aunque la realidad actual diga otra cosa.
El Tribunal Supremo cerró definitivamente su caso a inicios de 2026, dejando vía libre a la confiscación de bienes y a medidas como el desalojo. Y ahí es donde el sistema muestra su cara más dura: cuando cae uno de arriba, la caída arrastra a todos los de abajo.

